6 horas y 3 minutos.

2010
01.06

Allí estaba, sentado con los ojos llenos de mar, el mismo mar que durante años le había proporcionado pan, y que ahora solo permitía su contemplación.

Allí estaba rodeado de muchas personas, unas amigas de toda una vida y otras simplemente conocidos, oportunistas, y la mayoría solo personas.

Allí estaba, ausente a todo, con la vista puesta en el infinito, quién sabe si perdida…Mirando como el mar le acompañaba, pues todo lo demás, no eran más que pequeñas ausencias de una nada absoluta, la totalidad de una ausencia que se va, que se va suavemente hacia el final, pues allí y solo allí, sabremos lo que somos.

Yo le miraba desde la ventana de mi casa, una casa que miraba al mar…

El reloj, su reloj, marcó las 6 de la tarde, y ya no había luz. Todos se habían marchado, ignorándolo. No importaba, él, que se había mantenido en su mundo durante toda su presencia…allí seguía.

Yo … en mi ventana.

Luego, vi como una gaviota, con infinita dulzura, se posó a pocos metros de él, avanzó, y con su pico le quitó el reloj y se fue con aquella máquina a otra parte. El tiempo se había detenido a las 6 horas y 3 minutos de aquel 2 de enero de no importa que año.

Solo hubo en aquel instante una cosa que me inundó los ojos de mar. Un instante en el que aún sigo, pues el tiempo ya no existe, no se si alguna vez existió, pero si lo hubo, lo robo una gaviota.

inoportuno

2010
01.01

…acerqué suavemente el cañón de mi arma a la grieta abierta en la puerta. Al mismo tiempo, para asegurarme de no errar el disparo, aproveché otra abertura para observar si mi objetivo estaba donde podría volar su cabeza. Mientras, aquella persona a la que tanto odiaba y a la que, desde mi más íntimo deseo quería reducir a un simple cadáver, no terminaba de situarse en la mirilla de mi objetivo.

Pero la mala fortuna, hizo que irrumpiera en la escena un nuevo «actor», un diminuto ser que, dotado de delicadas alas, y que volaba emitiendo un ridículo ruido, identifiqué con el insecto que más odiaba. Enseguida me hizo perder la concentración y por consiguiente, delatarme ante mi objetivo. Este, percatado al instante, tomó la escopeta que había heredado de su abuelo y, sin pensárselo dos veces, disparó sobre la puerta los dos cartuchos que su arma portaba. Al mismo tiempo, volvió a cargar de nuevo el arma y volvió a disparar, y así, hasta que el calor de los cañones le hizo imposible sujetar esta…

Hubo silencio.

El ruido de las alas del insecto dejaron de sonar, y segundos después, un golpe seco volvió a poner la realidad en su lugar.

Luego, el asesino, fue hacia la puerta, la abrió, y justo en ese momento nos vimos las caras. Pero duró poco, pues levanté mi revolver y sin apuntar el arma, solo dirigiéndola hacia mi víctima, vacié el tambor de la misma.

Volvió el silencio

Tres segundos después, se producía un segundo ruido, seco, como el primero, el mio, … que volvía a romper la calma, pero esta vez, con forma mortal.

Me aparté unos metros, y me volví para ver por última vez al muerto, y aunque no merecía la pena seguir allí, me resultó llamativo ver su cuerpo con el pecho lleno de sangre y plomo, y en su cara, en la punta de su nariz, clavado, el aguijón del pobre insecto, que aturdido por el momento, había quedado atado a esta, por un fino hilo de su intestino que le salia del abdomen, y que, al no poder liberarse del mismo, giraba y giraba.

El gran chamán

2009
12.17

Sus subordinados empezaron a temblar cuando supieron por voces de confianza que pronto llegaría, y aunque esta vez si quisieron hacerse oír, no les valió para nada. El gran chaman no no sabe de estas estupideces.

Recuerdo que unos le habían y aún le acusan de falta de tacto para la comunidad, otros de extremista, e incluso los hay que le llegan a denominar fascista… pero en el fondo eran palabras huecas, pues, ¿quien eran ellos sino los mismos cordero con diferente pelaje? … pobres hombres de negro.

Enseguida escucharon el ruido de un coche. Empezaron a templar, todos sabían que era él, pues, su puntualidad era tan extrema que no había posibilidad de error. Y así fue.

El más valiente se arrimó su cara al cristal de la ventana y vio como, primero se bajaba su chófer con una cuidada sotana, pelo muy corto, cara y manos de no haber dado palo al agua en su vida, pero mostrando unas muestras de sumisión hacia todo lo que provenía de esos dos que llevaba en los asientos de atrás, que daba pánico.

Le abrió la puerta de atrás, no sin antes echar una mirada discreta pero clara hacia la ventana del edificio, lo que provocó en el una leve sonrisa, algo burlona. Primero salio el mas viejo, le dio las gracias al chófer que asintió con la cabeza, luego, salió su recomendado, que igual que el chófer, e incluso sin conocer el edificio, miró con algo más de detenimiento la ventana en la que todos, a través del cristal y un poco camuflados con la cortina, miraban.

El sumiso chófer tomo las dos maletas del recomendado y sin decir palabra corrió con ellas atravesando la acera y subiendo las ocho o diez escaleras del edificio al que iban de dos o tres saltos. Luego desapareció con el coche en la ciudad.

Dos horas después, el recomendado del gran chamán quiso conocer a sus díscolos, y minutos después dijo lo que seria la primera y única frase del día. Yo.

¡Compre su billete a la libertad!

2009
12.15

Su vuelo había llegado con retraso,… Su excesiva tardanza era tal que, incluso el personal que normalmente atendía las dársenas del aeropuerto, ya se habían jubilado en su totalidad y en muchos departamentos ya no había personas atendiendo a los viajeros, sino máquinas, simples aparatos que insensibles a los que demandaban sus “servicios” vendían todo tipo de útiles que iban desde billetes de viaje, a pañales para niños, pasando por teléfonos móviles, ordenadores personales, lamparas para la lectura o neumáticos para los carrillos de los niños o el vehículo de sus padres.

La mujer se sentó en uno de los bancos y consciente de que había llegado tarde, consideró que lo prioritario en aquel momento era descansar y después, tomaría una decisión. Pasado un corto espacio de tiempo el sueño pudo con ella, y así paso tres largas horas de paz, aislada del nuevo mundo al que había llegado.

La megafonía de la estación la despertó, y al abrir sus ojos pudo ver a través de la ventana que tenía en frente, que ya era noche cerrada. Sintió hambre, pero al mismo tiempo pensó que lo primero antes de llenar su estomago era saber donde estaba, luego comería algo y finalmente continuaría su viaje, así que se levantó, y tras observar que a su alrededor no había nadie; salió de la sala y se dirigió a un punto de información y venta.

Las luces de la enorme sala del aeropuerto parecía una discoteca, luces de todos los aparatos que allí había, pestañeaban una y otra vez señalando su situación a cualquier viajero despistado.

La mujer las miraba sorprendida, de manera que le costó unos minutos saber a que máquina acudir… Pronto, vio que una de ellas tenía justo encima un cartel que decía “COMPRE SU BILLETE A LA LIBERTAD”, en ese momento, sacó del bolso su documentación y con ella entre sus manos se dispuso a comprar el último billete de su largo viaje. Se apoyó sobre la máquina expendedora y se detuvo a leer un texto que ponía «condiciones generales» pero apenas había empezado su lectura cuando surgió de una de las ranuras de la máquina autoventas, y con una rapidez que le fue imposible de reaccionar, una gruesa cadena que le asieron por sus muñecas dejándola cautiva, desde ese momento fue un objeto más del aeropuerto.

El hombre de negro

2009
12.01

Desde el púlpito los miraba, ¡quietos todos!… sumisos, sentían el miedo en si sangre…

La gente temblaba al oido de sus afiladas palabras. Asentían con la cabeza en señal de sumisión y respeto, ya que estaba en juego algo vital para su desgraciada ignorancia, la condenación eterna.

¡No esto!… ¡no lo otro! … y así, día tras día semana tras semana, nuestro hombre de negro atemorizaba a sus ovejas.

Un día, alguien en medio de la reunión, en silencio y mostrando un gran respeto por los que allí estaban, huyó.

El hombre de negro no dijo nada, pero con su silencio lo dijo todo…¡este se me ha escapado!

El hombre que un día salió, ahora era feliz.

El ramo

2009
11.24

Igual que todos los años, la mujer acudía a poner flores a lo que ahora era la acera de una transitada carretera, y cada año al llegar al lugar, sus ojos se cubrían de lagrimas de amargos recuerdos. Este era el vigésimo quinto aniversario del fallecimiento de la que fue su hija, su única hija, la que su padre no llegó a conocer, y la que la había liberado de la labor de madre para inscribirla como mártir.

Después de atravesar todo el pueblo, llegó al lugar, y dándole un beso al ramo que llevaba en sus manos, suavemente lo posó en el suelo. Acto seguido bajó su cabeza y esperó su llegada.

Aquel día, lo único que tenía de diferente era que estaba lloviendo a cantaros, no obstante, esto no fue obstáculo para que la mujer preguntase al espíritu de su hija por su padre, si lo había visto, a que se dedicaba, y si ya se había reunido con ella, o seguía tan … como siempre.

En un momento sonó un estruendo del que no fue consciente, pero si notó que alguien le ponía la mano sobre el hombro, pero no se atrevió a mirar, supuso con acierto que sería ella…

Mamá, padre ya está con nosotras – dijo con la misma naturalidad con la que hablan los espíritus cuando se refieren a su mundo.

Hubo un silencio largo. Luego:

¿Fue hace mucho?

Si, el mismo día que yo.

Los hijos debéis cuidar de los padres hasta que la naturaleza quiera volver a darnos otra vuelta más… – dijo la mujer -.

Hubo otro largo silencio.

Y yo, ¿cuando me iré? – dijo la mujer con cierta curiosidad -

Volvió el silencio.

Ya estás madre, ya has llegado, dame un abrazo, y mira…, allí viene padre…

Giró su cabeza con una gran alegría donde le indicaba su hija…

Mientras, al otro lado, la gente corría aterrorizada. Unos buscaban ayuda, otros un médico y los más morbosos, intentaban extraer el cuerpo de las hélices del motor del camión que la había ayudado en su viaje.

Alguien murmuró…le sucedió lo mismo que a su hija.

La hipocresía del cargo

2009
11.23

(…o él y sus dos rosas)

Ya habían llegado casi todos al lugar en el que se celebraría la reunión con el líder de turno. Hoy como los demás días iba a ser una reunión estéril, nula, sin nada que decir. Todo se aprobará, todo por unanimidad.

Hoy igual que en otras ocasiones, se iría a perder el tiempo, aunque por la hipocresía del cargo, no lo podrán demostrar. Pues, aunque conscientes de que en su colectivo no había un adalid que les guiase por el buen camino, ellas, ineptas en su origen y destino, debían de sumisamente asistir y hacerse notar por encima de los que les rodeaban.

Por debajo de este “jefe” sus dos rosas como él las llamaba. Y después, la nada, es decir, lo que para él era sinónimo de, el vulgo. Pero sus rosas eran felices, al menos en apariencia, estas, a servicio de las necedades del “mister”, que eran ninguna, iban y venían con la misión clara y sagrada de reirle sus gracias. Luego, la rueda de prensa y allí, con su falsa seriedad, adobada con la hipocresía de su cargo, salían al ruedo y … las palabras … al viento…

En aquella reunión, se iba a tratar “temas” que, no por su gravedad, sino por su incompetencia, les sobrepasaba, y aunque el desanimo reinaba en el ambiente, las dos rosas allí estaban, junto a su patrón, en continua loa y sumisión, sin la más mínima distensión, a sus palabras.

Llegó la consulta.

Sus medios afines gastaron millones en apoyarlo, es decir, en quitarlo de encima. La tropa, … solo una misión, ¡aguantar…!

Después de la tempestad, vino la calma, y con ella, tras el cara a cara con la realidad, …todos se fueron al garete.

Hubo concilium, y éste se los trago a todos.

Las rosas aun viven. Las soporta,La hipocresía del cargo.

El cariño del hombre

2009
11.20

Doménico tenía la costumbre de levantarse cantando, no importa la hora que fuese, ni con quién compartiese su alcoba, la canción, era lo primero. Durante los 30 años que transcurrieron, desde que su primera esposa lo dejó, hasta que encontró otra que, ciega de amor se lo permitiese, siempre entonaba la misma canción. Un día, tras levantarse, se preparó y al disponerse a tomar aire para comenzar su melodía preferida, la que hasta ese momento era su vigésimo octava mujer, estiró su mano y le tapó bruscamente la boca, estrelló su cabeza contra la cabecera de su cama, e hizo que Doménico perdiera el conocimiento.

Su mujer, que había urdido durante mucho tiempo este momento, miró a través de la ventana, y ver que su amante se acercaba haciéndose un camino sobre la nieve, salió corriendo a su encuentro.

Doménico, no tardó mucho en despertase del golpe, pero una vez hecho, se puso en pie y avanzó hasta la ventana sin saber que hacer y fue en ese momento cuando se percató que, justo debajo de la farola que alumbraba el portal de su casa, estaba su mujer abrazada a un hombre, el cual, solo vestía con el pantalón de su pijama, y su mujer, solo la chaqueta del mismo. Doménico sintió frío, pero siguió mirando.

Pasaron 30 minutos, 45, y así pronto una hora, y él seguía mirando a través del cristal de su ventana. Los cuerpos de los amantes, pronto formaron una densa nube de vapor de agua que emanaba de sus cuerpos. La temperatura que también iba en aumento, ya había eliminado el agua de su alrededor y había formado un gracioso circulo seco.

De repente, Doménico, dio un sobresalto y absorto por el espectáculo, vio como los dos amantes ajenos al mundo exterior, comenzaron a arder en una enorme llama de fuego…

Pasadas casi dos horas Doménico se apartó de la ventana, salio de su habitación y se dirigió donde tenía los útiles de limpieza. Bajó por la escalera de su apartamento y fue donde el “pestañear” de la farola le estaba indicando. Luego, meticulosamente, recogió las cenizas y regresó a su hogar. Una vez allí, las mezcló con un poco de compost, cogió un esqueje de una planta que se había encontrado en la autopista cuando volvía del trabajo y buscó en un libro su nombre. Y la plantó.

Hoy mientras hace el amor en el sofá con su quincuagésima mujer, justo antes de tocar el cielo, siempre levanta la vista hacia su planta, la cual, apenas ha crecido. Pero le da igual, pues sabe que, siempre, en ese momento sublime, alguien se va a acercar y le va a susurrar a su oido ¡yo soy el cariño del hombre!.

Precaución, mucho precaución.

2009
11.15

Mi País, a lo largo de su historia siempre ha sido un territorio cautivo, prisionero de los que, con hipócrita luto eterno, visten negra su sotana, se ponen un cuadrillo blanco a la altura de la nuez, y van por la vida presumiendo de que, poseedores de la verdad única, solo ellos, y nada más que ellos son los agraciados con la más alta virtud.

Si un día al ir caminado por la calle, estar en un parque, en una consulta de un médico, en un ascensor, etc. Si nos encontramos con un ser de nuestra misma especie, de estatuara de normal a baja, con atuendo como el citado en el párrafo anterior, cara de buen ver, vientre feliz, sonrisa de falsa alegría, etc. Dicho de manera coloquial, de no haber pegado palo al agua en su vida, ¡ Cuidado!… Repito, MUCHO CUIDADO, puedes tener la suerte de ser excomulgado, y entonces no esperes al a navidad para que te vuelva a tocar la lotería, ya te habrá tocado y no esperes que la suerte te acaricie dos veces en un tan corto espacio de tiempo…

Este mes, – y aún faltan varios días para su óbito – ha sido rico en estupideces, de las que nos tiene acostumbrado ese ser humano, cobijado bajo esa institución que dice ser – pues obviamente no lo es ni lo más mínimo – Iglesia de Jesús el Cristo, o de Jesucristo, o de nuestro Señor, o del único Dios, etc. -…¡que manera de manchar su nombre! – nos quiere excomulgar a todos.

Primero leí que allí, al norte, el obispo auxiliar de Asturias , Raul Berzosa había dicho: «la doctrina católica dice que hay que enterrar el cadáver en tierra porque creemos en la resurrección de la carne y porque el cuerpo humano es el templo de Dios.» Luego el portavoz de la conferencia episcopal española quiere excomulgar a los políticos que voten a favor de la nueva ley de interrupción del embarazo que va a aprobar, o aprobó en España… Y van dos, sin contar las otras grandes tonterías que se han dicho y que en estos momentos se están diciendo por parte de los clérigos, sobre el laicismo, etc, etc. etc. – ¡OJO!…sin contar tampoco las del PP

Bueno, pues ante este indefensión que sufrimos los seres humanos por estas prácticas político-clericales, pido que se instaure en nuestro País, la sana costumbre de desayunar todas las mañanas, pues sinó, cuando leemos estas noticias en los medios podemos sufrir bajones de tensión por la falta de calorías. Y para soportar estos envites, hemos de tomar lípidos, prótidos y algún aminoácido que otro. Y recordar que es muy recomendable que al leer el periódico, además de hacerlo bien amarrado a la mesa, se retiren de la misma cualquier objeto cortante, abrasivo y biológico, pues si hay alguna que otra noticia ¡ heavy ! nos pueden producir un accidente domestico. Nada más.

Viaje al centro del miedo

2009
11.12

Habían sonado las 16:40 horas de aquella tarde de verano en el valle minero de no importa donde. La caló en palabras de Pepe, además de provocar una sonrisa en sus compañeros por su fuerte acento andaluz, explicaba justamente la temperatura que ese día había. Éste, junto a cuatro de sus compañeros se dirigían hacia la boca del pozo situada a pocos metros de la casa en la que se habían despojado de sus vestimentas habituales, para introducirse en otras más propias de este trabajo. A medida que se acercaban, la jaula que los conduciría en al lugar de trabajo, pudieron ver que ya hacía unos minutos que los esperaba. Así que, una vez saludado al relevo anterior, se introdujeron en ella y tras escuchar el repique de una campana, la gravedad contenida por un grueso cable de acero hizo el resto.

Cada vez que pasaban por alguna galería, apenas tenían tiempo para ver las luces de otros compañeros que trabajaban al fondo la misma. Luego, una sensación producida por estar bajando 100, 150, 200 … metros en una lenta caída libre, les había hecho perder la noción de profundidad en la que se encontraban. Solo algún que otro cartel poco legible, les decía donde estaban.

Cuando ya llevaban unos 10 minutos de viaje, empezaron a notar el suave frenar de aquella cabina de metal en la que estaban, y poco después, justo delante de una galería recién abierta, esta, se detuvo. No había luz y apenas habían puesto alguna estructura que sostuviera aquel triste túnel. Se bajaron y comenzaron a caminar por el largo pasillo que les conduciría al mismo lugar en el que desde hacía casi un mes, estaban trabajando.

Durante el corto viaje apenas hablaron entre si, ya que poseedores de un secreto no revelable pero compartido a partes, más o menos iguales, confirmaban la presencia de un sexto pasajero, del cual nadie quería ni pronunciar su nombre. Este, aunque incapaz de dar la cara, siempre se manifestaba en aquellos lugares en los que las mentes de los seres humanos, como enromes bases de datos, repletos de información de una vida entera, empezaban a flaquear….Ellos sabían que, aunque nunca se pronunciaría su nombre, ya había llegado, y como siempre, para quedarse.

Pepe hoy estaba decidido enfrentarse a él de manera diferente a la resignación habitual. Así que en un lugar acordado por ambos, él y su “amigo” imaginario se pusieron en camino. Distantes de sus compañeros por unos 100 metros, los dos habían llegado a la vez como no podía ser de otra manera. Pepe miró a su alrededor para asegurar su intimidad y saco del bolsillo de su pantalón de trabajo un espejo que su mujer tenía en el cuarto de baño, y se lo puso delante de su cara.

¿Que?, ¿que quieres? ¿acaso no sabes que soy tu?

Pepe, miraba fijamente su rostro reflejado en el espejo.

¡Quiero que desaparezcas! – le dijo de forma fría, y contundente.

En ese momento, el terreno se movió bruscamente y cientos de toneladas de tierra, carbón, trozos de madera de eucalipto,etc cayeron sobre uno de los cuerpos. .

Dos horas después tras desesperados trabajos por recuperar el cuerpo de su compañero, apareció un pie desnudo, los compañeros se miraron y siguieron apartando tierra Pronto fue apareciendo el resto del cuerpo. Cuando ya estaba casi desenterrado, José, el mayor de todos ellos, se adelantó poco más de un metro y trató de girar el cuerpo para que si este aún tenía un ápice de vida pudiera respirar algo del sucio aire que allí había.

¡Grasia compañero! Sonó una voz con un fuerte acento andaluz detrás de ellos, lo que hizo que los cinco girasen al unisono para ver quien había suplantado la voz de Pepe.

Zi, zoy yo – dijo aquel a sus compañeros mientras ellos atónitos volvieron instintivamente a girar sus cabezas buscando el cadáver que habían estado liberando del argayu, pero allí ya no había nada, nunca había estado, y Pepe nunca había tenido ningún percance ese día, solo había expulsado a su miedo, y éste, al no tener a quien engañar, se había muerto.