Archive for the ‘RELATOS’ Category

El renacer.


2010
03.03

…tras un fuerte ruido, mi barca se rompió en dos, así que nadé por debajo del casco de proa, hacia las rocas mas próximas.

Mientras me acercaba, vi que algo me seguía. Miré y a unos veinte, un enorme tiburón, se acercaba con su característica aleta surcando el agua. Preso de pánico, comencé a nadar como un loco. Cuando ya estaba a pocos metros de alcanzar tierra, noté como me atrapaba y me hundía en el frío mar sin haberme producido ningún daño.

Una vez sumergido, vi que aquel animal había fallado su bocado por la mínima, y había enredado dos de sus dientes entre uno de mis gruesos calcetos. El «bicho» deseando morderme, y al mismo tiempo, queriendo deshacerse del calceto, daba fuertes golpes con su cabeza, mientras me movía bruscamente de un lado al otro. En un ataque de cordura, decidí hacer frente a la situación. Giré y me agarré a su morro, lo apreté contra mi vientre y metí mis manos entre sus agallas tratando de herirle. Esto, hizo que el animal, preso de dolor comenzara a girar sobre si mismo, y a sangrar, y a que segundos después me lanzara cerca de las rocas… pero libre. En ese momento, volví nadar lo más rápido que pude y logré ponerme a salvo.

Mientras, poco a poco fueron llegando más y más tiburones que comenzaron su festín devorando a su compañero.

Luego, sentado en las rocas, me quedé dormido…

La pleamar hacia tiempo que había comenzado, y pronto comenzó a acariciar mis pies, así que me incorporé y decidí volver a casa.

Cuando me estaba aproximando, vi salir una mujer que rápidamente identifiqué con mi madre, me dio un fuerte abrazo, y comenzó a llorar. Pensaba que me había perdido en el parto.

Pero, si, mi madre hace más de doce años que se había muerto – pensé.

Luego, encontré a mi padre, junto a un grupo de vecinos que me estaban buscando…

Pero, si él y casi todos aquellas personas, ya se habían muerto hace muchos años…¿que está pasando?

Todos vienen hacia mi, me besan me abrazan,… Creen que estaba …,

Me tratan como si tuviese uno o dos días de vida, … no entiendo nada…

De repente, el más joven del grupo, se acerca a mi y me dice: tranquilo, has vuelto a nacer.

Gael


2010
02.18

Eran las 5:00h. de la madrugada de un 17 de febrero de 2010, cuando Gael, cansado ya de tanto esperar, quiso comunicarse con el exterior. Así que, estiró el brazo y pellizcó con todas sus fuerzas la placenta que hasta ese momento además de fiel compañera, también había sido el medio de comunicación con su madre casi desde que su esencia se hizo Ser. Esta, su madre, conocedora como era de su «salida de cuentas» y, aunque la hora no era muy propicia, dio un ligero golpe con el codo a su pareja, el cual, aguardaba en un silencio feliz, el momento.

¡Quiere salir!, – le dijo.

¿ya?, … ¡vámonos! – le contesto mientras buscaba sus pantalones…

A las 6:40h. entraban en el hospital, y a las 7:00h. Gael, envió un segundo mensaje a su madre. Estaba listo.

Acudieron médicos, enfermeros,… sanitarios de todo tipo. Mientras, en una sala contigua, su pareja, junto a algún que otro familiar, daban vueltas simulando las agujas del reloj de un tiempo que no existe, ni nunca lo ha hecho. De vez en cuando, se dirigían unas palabras sin sentido, gesticulaban una sonrisa …

El reloj de la sala, continuaba su inexorable camino como si nos estuviese diciendo que, aunque soy una máquina y marco lo que no existe, os digo: son las 7:40h. Y así, Gael, asomó su cabeza, y pensó…¡voy!. Luego dio un pequeño impulso que le llevó a los brazos de la comadrona.

Durante unos segundos hubo silencio, mientras, su madre, olvidando su fatiga trataba de incorporarse con la única intención de ver…Pero no hizo falta, ya que tras observar la sonrisa de los que allí atendían a su hijo se dejó caer sobre la almohada, casi al tiempo que se lo ponían al lado. Segundos después, Gael tuvo su primera palabra. Lo llamaban «berrinche» y era en una lengua que, como diría Martin Heidegger, es la casa de la verdad del Ser.

17 de febrero del invierno de 2010.

A mi manera.


2010
02.15

…había salido de trabajar a las tres en punto. Había bajado al parking, tomado el coche y puesto la radio casi por inercia…

Apenas habían pasado unos minutos cuando ya callejeaba por la ciudad en busca de la autopista que me conduciría a mi domicilio, cuando ya me empezó a cansar los absurdos comentarios futboleros del día anterior. Así que, una vez hube tomado la ruta correcta, me acomodé en el respaldo y con mi mano derecha apreté el botón de la radio, pero esta vez, la que haría sonar el disco compacto que había en su interior.

Las primeras notas comenzaron a sonar paralelas a la velocidad que aumentaba. Y por fin, en frente de mi, no solo no había ningún obstáculo, sino que tenía, además, dos carriles por lo que circular.

El tema musical que empezaba a sonar era una particularísima versión de «A mi manera» (My way), pero esta vez interpretado por Eunice Kathleen Waymon, aunque todos la conocemos como Nina Simone.

Durante los tres, quizás cuatro minutos que duraría la canción yo solo recuerdo que a los 45 segundos de haber empezado, ya no estaba en el lugar en el que debería de estar, ni mucho menos, con los sentidos que el acto de conducir requiere, así que, mientras gozaba en mi nube más allá de aquella realidad, vi la muerte a lo lejos, esperándome en medio de la carretera. Supe que era ella pues, ayudado de mi intuición, empecé a relacionar su realidad con la imagen estúpida que nos describen los que nunca la vieron. Además, fui consciente de como me acercaba a ella, y vi como pude haberla evitado, y vi como, mi percepción de la realidad en aquel momento no existía, y consciente de todo, me la llevé por delante hasta caerme por un gran barranco, decenas de metros, rebotando contra las piedras a medida que el coche se iba descomponiendo. En el interior, yo. Sujeto por el cinturón, ajeno a lo que sucedía. Hasta que una enorme roca me detuvo bruscamente, lo que hizo que saliese despedido por la ventana junto al CD que horas, quizá, días antes había metido en el aparato de radio.

Policía, bomberos, sanitarios, personas anónimas me buscaron durante largo tiempo, hasta que uno de estos anónimos personajes escuchó una música de piano, se acercó suavemente y asomó su cabeza por detrás de unas piedras. A los pocos metros, pudo ver como sentado en el asiento del conductor con el cuerpo ensangrentado, estaba yo, escuchando a Nina Simone, que había bajado desde el cielo a tocar en directo su versión, la mejor de todas, a su manera, My Way. Minutos después, giró su cabeza y a unos veinte metros de donde estábamos, en un charco de desgracias yacía el cadáver de la muerte. No pudo soportar que fuese mejor que ella.

tiempo


2010
02.01

¡Uno…dos y …ummmp!

Los dos hermanos, uno por los pies y otro por los hombros, habían cogido el cadáver y lo había metido dentro del ataúd. Luego, el que lo había cogido por los pies, cruzó sus brazos, y bajando levemente la cabeza, reflexionó mientras contemplaba su rostro, blanco, impoluto, … ausente de eso que llaman vida. Y pensó:

¿Que es esto que se me escapaba de las manos? ¿que es esto tan lógico y tan normal, tan predecible y tan cotidiano que me cuesta tanto asumir?…

Esto es la muerte – se dijo.

Luego, pensó en los sentimientos que ahora estaba teniendo, en el Ser, en la nada… Luego cuando ya estaba a punto de perder el norte, recurrió a su pensamiento racional-lógico-matemático, y aunque tembló por su frialdad, sabía que era la realidad, aquella única verdad a la que como Ser podía aspirar.

Habían pasado casi dos horas, y el tiempo le había volado. Tanto es así que, por la habitación habían pasado muchas personas, le habían saludado, pero él, ajeno a todo ni se había enterado de algo que no fuese el tratar de llegar un poco más allá de su idea sobre la vida y la muerte. Pues, en su cabeza bullía la idea de que, ahora o nunca, pues, la persona que más quería estaba allí, y esta, era él.

Luego, al otro, se lo llevaron.

Lo enterraron.

Eran las 5:05 de la madrugada de tercer día posterior a la que había sido su peor experiencia. Se despertó. En aquella habitación solo se oía el suave respirar de su pareja, y el cuerpo dormido a sus pies de su gato. Y por un momento volvieron a su mente las preguntas de siempre. Luego, se volvió a quedar dormido.

Estaba de vacaciones, así que cuando despertó sobre las 9:00 h. ya estaba solo, y comprobó que los sentimientos así como los sucesos, no alteran para nada el paso de algo que, si existe, llamamos tiempo.

Le mystérieux acheteur


2010
01.27

Cuando salió de casa, lo hizo muy contento, y aunque tenía ganas de llegar, prefirió tomárselo con calma. No tomó un taxi como era su costumbre. Se fue andando al trabajo. Es bueno para el corazón, – pensó -.

En su cabeza bullía todo lo que iba a realizar ese día, que en resumidas cuentas era trepar un poco más en ese escalafón que habita en las mentes de los Seres Humanos y que, además de ser un engaño, forma parte del proyecto de sus semejantes. Es decir, se pone un dulce en la boca de los que tienen hambre, para que, mientras se mueren de ésta, se crean felices para siempre…

Cuando llegó, no había nadie esperándole, pero no le sorprendió, él, pronto cambiaría todo eso. Luego, entró en la sala, avanzó hasta una puerta, puso su mano en el pomo y entró en una sala contigua que no era más que un ancho pasillo. Allí había una máquina de vender café, se detuvo y se hizo con uno que no tomó. Era la primera vez que lo hacía, y llevaba trabajando allí 12 años. Pero aquel día se imaginaba que sería muy, muy importante, y eso, bien merecía un café, aunque este acabase en la primera papelera que encontrase a su paso.

Continuó por el pasillo en dirección a donde él y personas de su «valía» van con frecuencia. Una vez llegó a su destino, se quedó mirando la placa que allí colgaba y se dijo ¡he aquí mi futuro! Y hoy, … mi presente…

Se pasó la mano por el pelo, se centró la corbata, puso una de sus mejores sonrisas y aprovechando el leve efecto de espejo que tenían los huecos tipográficos de aquella inscripción, se dispuso a entrar. Tomó la manilla de la puerta, esta vez, un poco más tímidamente que puertas anteriores y asomó su cabeza. Justo en ese momento y cuando ya en su boca empezaba a sonar un adulador saludo, sonó un ruido muy fuerte, atronador, a la vez que seco. Éste procedía de una escopeta con los cañones recortados que, su jefe guardaba en un cajón, y que, sabiendo quien era su empleado, no dudo en usar con gran destreza. Esto, que no eran más que un par de cañones escupiendo fuego, reventaron la cabeza del empleado que salió volando sin cabeza a estrellarse contra la pared contraría.

El jefe, tomo una calada de su cigarrillo, y lentamente cargo otros dos cartuchos en su arma Luego, sacó del cajón cinco armas más, las cuales ya las había cargado previamente.

Mientras, por el pasillo comenzaron a llegar otros empleados en busca de una explicación a tanto ruido… Pronto, comenzaron a mirarse entre ellos, hubo silencio, y todos quisieron saber de su jefe, que había pasado, así que, cuando presos por el pánico abrieron por completo la puerta del despacho, este, con sus pies encima de la mesa, con su cigarrillo casi consumido en sus labios, y un arma en cada mano, empezó de nuevo su festín. Los cuerpos se desmembraban, volaban trozos de carne , los gritos mezclados con lánguidas voces de terror, apenas podían enmudecer el brutal ruido de aquellas armas, y así, hasta que una vez hubo gastado toda la munición. Después, se levantó de la mesa, se dirigió a un armario y se tomó una copa de un viejo coñac, mientras saltaba por la ventana de su despacho.

Su paracaídas no tardó en abrirse, sacó otro cigarrillo y como un acto milimétricamente predeterminado, fue a sentarse dentro de su cadilac descapotable. Se puso tranquilamente el cinturón de seguridad, pulsó el botón de la radio y el coche voló por los aires.

Ser


2010
01.20

Ya habían pasado los últimos días de mi existencia. Ahora, puesto que ya había cumplido con lo que me había propuesto, solo me quedaba esperar, disfrutando de mis últimos instantes con esta forma, aquí, en el lugar en el que estaban enterrados mis antepasados. Luego, sentado en el suelo, al lado de una enrome roca cuya esencia era parte de mi existencia, me puse a reflexionar sobre el viaje, mi viaje…

Enseguida llegaron ellos. Venían de mucho más lejos que yo, lo hacían, como lo habían venido haciendo desde el principio de los tiempos…, por el aire. Luego, cuando se percataron de mi situación, comenzaron a descender uno de tras de otro, formando una enorme fila. Una vez que ya todos se habían posado, se fueron reuniendo y creando un círculo cerrado del que yo era su centro. Tras sonreírme, me llevaron con ellos.

Hoy soy feliz. No se donde estoy, pero, aunque en un posible «otro» lado de no se donde, se que soy, al final, no se si «existo».

La ignorancia a las 9:30


2010
01.13

…había sido su amigo toda una vida.

Habíamos nacido en la misma casa, pues, en una visita que sus padres nos hicieron, su madre comenzó a romper aguas, esto se contagio a la mía, y minutos después había dos nuevas personas en casa… Cosas de la naturaleza…

Habían pasado ya más de veinte años, yo trabajaba como camarero en un céntrico restaurante de la ciudad. Él había estudiado, y ya casi había terminando sus estudios de filosofía.

Hacía unos días que, sin llegar a enfadarnos, habíamos discutido. De todas formas, siempre imperó el grado de amistad que teníamos y la sangre, nunca llegó al río…

Era un día de verano, no muy caluroso. Y mi amigo me vino a visitar, ya que sabía que ese día estaba de descanso…

Vengo a decirte adiós. – me dijo.

Sin darle mucho importancia, le pregunté si estaría mucho tiempo fuera, que cuales eran sus planes,… lo que siempre le preguntaba cuando realizaba algún viaje.

He terminado los estudios, y me voy a inmolar.
– me dijo.

Hubo silencio. Luego…

¡déjate de estupideces! – le dije bruscamente.

No es una estupidez, mañana, donde tu trabajas, me iré a despedir de ti y desde allí subiré al paraíso, y mandaré al infierno a la mayor cantidad de infieles que pueda, seré un mártir y mi familia nunca más pasará hambre y necesidades…

Abrió los brazos, inclinó su cabeza hacia atrás, y dijo: Él proveerá a todos…

¿Él? – le dije, preso de terror…

No seas infiel, por favor. – me respondió -. Él lo ve todo, lo crea todo y…y… sabe todo.

Y, seguro que él, quiere que te inmoles ¿verdad? – le dije mirándole a los ojos.

Estás muy contaminado, ese trabajo te impide ver la realidad. Tus clientes te van transmitiendo su mal y estás enfermo…

Miro su reloj. Me miró fijamente, al tiempo que se levantó bruscamente de la mesa y salió corriendo y diciendo en voz alta ¡tengo que irme!…¡te veré mañana,… adiós…hermano!

No dije nada,… no pude decir nada.

Eran las 9:27 h. de la mañana. Ya calentaba el sol, y los clientes empezaron a llegar.

Había terminado de servir a un cliente cuando, mientras recogía las monedas de su mano, vi como a lo lejos venía caminando mi amigo. Con una sonrisa en su rostro irradiando más felicidad que nunca ese día. Se había afeitado, había cortado el pelo, y había abandonado su acostumbrada dejadez en el vestir…

Llegó a la terraza del restaurante, tomo una silla de debajo de una mesa y se sentó. Quise ir hacia él, pero uno de mis compañeros llegó primero. Tomó nota de su pedido y enseguida se fue. Pero él me había visto. No obstante no hizo nada, simplemente se me quedó mirando unos segundos, sonriendo, y después, levantó su mano derecha en señal de saludo. Intenté ir junto a él por segunda vez pero, otra vez mi compañero llegó primero, le puso un refresco sobre la mesa, y tuve un triste presentimiento: nunca se lo tomaría y todo lo que me había dicho era realidad.

Intenté una tercera vez acercarme, pero esta vez cuando él vio cuales eran mis intenciones, y que esta vez no había obstáculos levantó su mano para indicarme que me alejara. En ese momento se me confirmó todo. Comencé a ponerme muy nervioso, a sentir una gran angustia, quise dar voces para que la gente saliese de allí, pero no tenía palabras en mi boca. Volví a mirarlo y vi que sacaba de uno de los bolsos de su chaqueta un libro, el cual beso antes de ponerlo sobre la mesa. Levantó la vista hacia mi, y al mismo tiempo vi que metía su mano derecha debajo de la camisa. Dio un pequeño tirón y sacó una anilla, la miró con felicidad y luego me la enseñó.

Comencé a gritar, a dar voces de pánico mientras veía la cara de felicidad de mi amigo, el cual, mantenía su mano derecha aún mostrándome aquel objeto.

Traté de protegerme la cara con la bandeja de acero que llevaba, al tiempo que , trataba de encontrar refugio detrás de una enorme maceta de hormigón que sostenía un olivo. Seguí gritando, pero ya no me oía. Asomé mi cabeza por una de las cañas del arbusto, pues quise mirar por ultima vez a mi amigo. Él, seguía manteniendo la mano derecha levantada sujetando la anilla entre sus dedos a modo de trofeo, mientras hablaba y hablaba algo que nadie entendería…

Cerré los ojos y aún así, vi una enorme llamarada, a la que siguió un enorme ruido que levantó por lo aires a los pocos clientes que aún estaban allí, junto a mesas, sillas y demás objetos. Segundos después, junto donde yo me había resguardado de la explosión, sentí un golpe seco, abrí los ojos justo delante de mi, estaba la mitad superior del cuerpo de mi amigo, con un trozo de su cabeza en la que aún se esbozaba una sonrisa. Mientras lo miraba, sentí otro ruido a pocos metros de donde estaba. Era el brazo derecho, casi entero, en el cual, de uno de los dedos de su mano, aún estaba la anilla. Me desmayé.

Ya han pasado muchos, muchos años…hoy tengo casi 90 años, y me muero. Se que mi amigo esta aquí, se que forma parte de este Universo, se que …

Nunca comprenderé su ignorancia.

Hora de fallecimiento las 9:30 A.M.

6 horas y 3 minutos.


2010
01.06

Allí estaba, sentado con los ojos llenos de mar, el mismo mar que durante años le había proporcionado pan, y que ahora solo permitía su contemplación.

Allí estaba rodeado de muchas personas, unas amigas de toda una vida y otras simplemente conocidos, oportunistas, y la mayoría solo personas.

Allí estaba, ausente a todo, con la vista puesta en el infinito, quién sabe si perdida…Mirando como el mar le acompañaba, pues todo lo demás, no eran más que pequeñas ausencias de una nada absoluta, la totalidad de una ausencia que se va, que se va suavemente hacia el final, pues allí y solo allí, sabremos lo que somos.

Yo le miraba desde la ventana de mi casa, una casa que miraba al mar…

El reloj, su reloj, marcó las 6 de la tarde, y ya no había luz. Todos se habían marchado, ignorándolo. No importaba, él, que se había mantenido en su mundo durante toda su presencia…allí seguía.

Yo … en mi ventana.

Luego, vi como una gaviota, con infinita dulzura, se posó a pocos metros de él, avanzó, y con su pico le quitó el reloj y se fue con aquella máquina a otra parte. El tiempo se había detenido a las 6 horas y 3 minutos de aquel 2 de enero de no importa que año.

Solo hubo en aquel instante una cosa que me inundó los ojos de mar. Un instante en el que aún sigo, pues el tiempo ya no existe, no se si alguna vez existió, pero si lo hubo, lo robo una gaviota.

inoportuno


2010
01.01

…acerqué suavemente el cañón de mi arma a la grieta abierta en la puerta. Al mismo tiempo, para asegurarme de no errar el disparo, aproveché otra abertura para observar si mi objetivo estaba donde podría volar su cabeza. Mientras, aquella persona a la que tanto odiaba y a la que, desde mi más íntimo deseo quería reducir a un simple cadáver, no terminaba de situarse en la mirilla de mi objetivo.

Pero la mala fortuna, hizo que irrumpiera en la escena un nuevo «actor», un diminuto ser que, dotado de delicadas alas, y que volaba emitiendo un ridículo ruido, identifiqué con el insecto que más odiaba. Enseguida me hizo perder la concentración y por consiguiente, delatarme ante mi objetivo. Este, percatado al instante, tomó la escopeta que había heredado de su abuelo y, sin pensárselo dos veces, disparó sobre la puerta los dos cartuchos que su arma portaba. Al mismo tiempo, volvió a cargar de nuevo el arma y volvió a disparar, y así, hasta que el calor de los cañones le hizo imposible sujetar esta…

Hubo silencio.

El ruido de las alas del insecto dejaron de sonar, y segundos después, un golpe seco volvió a poner la realidad en su lugar.

Luego, el asesino, fue hacia la puerta, la abrió, y justo en ese momento nos vimos las caras. Pero duró poco, pues levanté mi revolver y sin apuntar el arma, solo dirigiéndola hacia mi víctima, vacié el tambor de la misma.

Volvió el silencio

Tres segundos después, se producía un segundo ruido, seco, como el primero, el mio, … que volvía a romper la calma, pero esta vez, con forma mortal.

Me aparté unos metros, y me volví para ver por última vez al muerto, y aunque no merecía la pena seguir allí, me resultó llamativo ver su cuerpo con el pecho lleno de sangre y plomo, y en su cara, en la punta de su nariz, clavado, el aguijón del pobre insecto, que aturdido por el momento, había quedado atado a esta, por un fino hilo de su intestino que le salia del abdomen, y que, al no poder liberarse del mismo, giraba y giraba.

El gran chamán


2009
12.17

Sus subordinados empezaron a temblar cuando supieron por voces de confianza que pronto llegaría, y aunque esta vez si quisieron hacerse oír, no les valió para nada. El gran chaman no no sabe de estas estupideces.

Recuerdo que unos le habían y aún le acusan de falta de tacto para la comunidad, otros de extremista, e incluso los hay que le llegan a denominar fascista… pero en el fondo eran palabras huecas, pues, ¿quien eran ellos sino los mismos cordero con diferente pelaje? … pobres hombres de negro.

Enseguida escucharon el ruido de un coche. Empezaron a templar, todos sabían que era él, pues, su puntualidad era tan extrema que no había posibilidad de error. Y así fue.

El más valiente se arrimó su cara al cristal de la ventana y vio como, primero se bajaba su chófer con una cuidada sotana, pelo muy corto, cara y manos de no haber dado palo al agua en su vida, pero mostrando unas muestras de sumisión hacia todo lo que provenía de esos dos que llevaba en los asientos de atrás, que daba pánico.

Le abrió la puerta de atrás, no sin antes echar una mirada discreta pero clara hacia la ventana del edificio, lo que provocó en el una leve sonrisa, algo burlona. Primero salio el mas viejo, le dio las gracias al chófer que asintió con la cabeza, luego, salió su recomendado, que igual que el chófer, e incluso sin conocer el edificio, miró con algo más de detenimiento la ventana en la que todos, a través del cristal y un poco camuflados con la cortina, miraban.

El sumiso chófer tomo las dos maletas del recomendado y sin decir palabra corrió con ellas atravesando la acera y subiendo las ocho o diez escaleras del edificio al que iban de dos o tres saltos. Luego desapareció con el coche en la ciudad.

Dos horas después, el recomendado del gran chamán quiso conocer a sus díscolos, y minutos después dijo lo que seria la primera y única frase del día. Yo.