Subido sobre el lomo de aquel animal, avanzaba por el arcén de aquella enorme vía que por estos lugares llamaban autopista de peaje. Me adelantaban unos carruajes de metal coloreado bastante extraños, forma variopinta y muy ruidosos…

Otra cosa que llamó mi atención es que, las personas que viajaban en estos carros, evitaban la agradable brisa de la naturaleza… !que extraño!.

Cuando ya había avanzado varios kilómetros, mi animal tuvo sed, así que vi una desviación que ponía «área de descanso», me desvié, bajé de su agradable lomo y nos pusimos a comer.

Mientras miraba sorprendido en lo que se habían convertido mis tierras, vi venir uno de esos extraños carruaje a mucha velocidad. Este, además de portar sobre su lomo unas luces azules que parecían relámpagos, venía haciendo unos ruidos diferentes a los que ya me había acostumbrado… Cuando estaban cerca, se detuvieron bruscamente, y salieron tres personas de su interior. Uno de ellos, y precisamente el que más voces daba, apartó bruscamente a sus compañeros y vino hacia apoyando su mano sobre una especie de porra de cuero que llevaba atada a su cinturón, y que no tenía otra misión que atemorizar…

Yo permanecí igual, les miraba curioso, pero no les hacía caso. El «jefe» se acercó un poco más y vi como con su mano derecha quitaba un pequeño pasador de seguridad que dejaba libre su «bastón de mando» para ser usado. No hizo falta, ya que justo cuando el pasador quedó colgando de la hebilla, tomé mi sable con mi mano derecha y sin que pudiera reaccionar, se lo puse a tres centimanos de su cuello, mientras con la otra mano, seguía comiendo. El hombre, dio un salto hacia atrás muerto de miedo, ya que nunca imaginó la nueva situación.

Sus compañeros sacaron sus armas y se pusieron en guardia. Yo me levanté de un salto y antes de haber tocado tierra reduje de un solo golpe un tercio de sus porras de cuero, por lo que cuando hubieron recuperado el sentido de la realidad desapreciaron del lugar muertos de miedo…

Terminé de comer y seguí mi camino. Mientras, pensaba en la situación que había «vivido» con estos hijos de antiguo siervos, y más aun cuando ya hacía 785 años había fallecido.

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