…tenía en mis manos las fotos que me hablaban de ella. Grandes y viejos recuerdos que solo hacían más honda mi tristeza…

Cuando más miraba una y otra, más melancólico me volvía, así que llegó un momento en el que, el sentimiento en el que me había sumido y yo, pasamos a ser la misma cosa, es decir, me volví una especie de algo indefinible para el Ser Humano. Luego, los dos, sumidos en nuestra ignorancia, esperábamos saber quienes eramos.

Pasó el tiempo, y solo cuando el día empezaba a llegar a su ocaso, la caída de un libro de la estantería por la intermediación de mi gato, me mostró la salida. Y supe que, el fin de este nuevo estado no definido por nadie, comenzaba a mostrarme la puerta de salida…

Hoy, sentado en el jardín de mi casa sobre la verde hierva que rodea la casa, mientras la lluvia cálida de verano moja mis escasos cabellos, me acuerdo de ella. Y en palabras solo audibles por mi, recito a su poeta favorito…

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado…,
¡hoy creo en Dios!

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