¡Uno…dos y …ummmp!
Los dos hermanos, uno por los pies y otro por los hombros, habían cogido el cadáver y lo había metido dentro del ataúd. Luego, el que lo había cogido por los pies, cruzó sus brazos, y bajando levemente la cabeza, reflexionó mientras contemplaba su rostro, blanco, impoluto, … ausente de eso que llaman vida. Y pensó:
¿Que es esto que se me escapaba de las manos? ¿que es esto tan lógico y tan normal, tan predecible y tan cotidiano que me cuesta tanto asumir?…
Esto es la muerte – se dijo.
Luego, pensó en los sentimientos que ahora estaba teniendo, en el Ser, en la nada… Luego cuando ya estaba a punto de perder el norte, recurrió a su pensamiento racional-lógico-matemático, y aunque tembló por su frialdad, sabía que era la realidad, aquella única verdad a la que como Ser podía aspirar.
Habían pasado casi dos horas, y el tiempo le había volado. Tanto es así que, por la habitación habían pasado muchas personas, le habían saludado, pero él, ajeno a todo ni se había enterado de algo que no fuese el tratar de llegar un poco más allá de su idea sobre la vida y la muerte. Pues, en su cabeza bullía la idea de que, ahora o nunca, pues, la persona que más quería estaba allí, y esta, era él.
Luego, al otro, se lo llevaron.
Lo enterraron.
Eran las 5:05 de la madrugada de tercer día posterior a la que había sido su peor experiencia. Se despertó. En aquella habitación solo se oía el suave respirar de su pareja, y el cuerpo dormido a sus pies de su gato. Y por un momento volvieron a su mente las preguntas de siempre. Luego, se volvió a quedar dormido.
Estaba de vacaciones, así que cuando despertó sobre las 9:00 h. ya estaba solo, y comprobó que los sentimientos así como los sucesos, no alteran para nada el paso de algo que, si existe, llamamos tiempo.
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