Recientemente se viene exhibiendo en nuestro País – y tengo que decir que «a duras penas» – , una exposición fotográfica en la que nadie ha reparado, (o si lo han echo, apenas ha trascendido), en la calidad, buena o menos buena de la obra que allí se exhibe, sino que se han cargado las tintas, sobre algo que a mi modo de entender es secundario, y que no es otra cosas que el tema utilizado.
También se viene observando, y pienso que por fortuna para las nuevas generaciones que vienen, que las religiones, en las sociedades modernas cada vez tienen menos peso dentro de los espacios públicos, y la misma sociedad las va relegando al ámbito privado, el lugar del que nunca debería de haber salido, por lo que así nos hubiéramos librado de muchos más males que bienes.
Mi opinión no es otra que la de el respeto por encima de todo, al artista y a su obra. El primero por ser una persona humana que trata de expresarse en un lenguaje propio y segundo a su obra como manifestación física de esta persona.
Nuestra sociedad aún arrastra el pesado lastre de una época oscura. Esto, cada día que pasa se ve aún de manifiesto en los medios (ejemplos hay muchos: Ley de la Memoria Histórica, jueces que juraron lealtad a Franco y que aún ejercen, el estado que mantiene una Iglesia convertida en un lobi de poder, etc.). Entonces surgen lo que llamaré sentimientos encontrados.
Sentimientos encontrados
Las religiones, nunca han sido tolerantes, siempre han sometido a sus fieles utilizando todo tipo de zafiedades, aptitudes estas que van totalmente en contra de lo que son sus bases. Esta actitud ha generado un respeto basado en el miedo inculcado a una sociedad, de la que podemos decir que más 80% de esta cree o confía en ellas de una manera mas próxima a la superstición, que a la razón.
En lo que políticamente se llama «la cultura occidental» hay una religión dominante llamada Catolicismo, (Iglesia Católica) basada en la vida y obra de un judío llamado Jesús, que vivió hace 2000 años en Jerusalén, por entonces provincia romana. El mensaje de Jesús fue rompedor, de tal manera que gran cantidad de lideres políticos y religiosos posteriores han tomada partes del su discurso para hacer de este un himno social, un ideario político-social con el que llegar a la sociedad, seducirla y lamentablemente en mucha casos, hacerla después prisionera de sus convicciones, ya alejadas por completo de lo que les había conducido al poder. Lo cierto es que hoy en día el personaje Jesús, llamado el Cristo – Mesías – ya no solo no se le tiene en cuenta casi para nada, (aunque se nos quiera decir lo contrario) sino que incluso su figura es cuestionada.
La muestra que citaba al principio de mi exposición, usa, ya no solo el tema bíblico, sino a Jesús y a su familia, como medio para, como dije también al principio trasformar los deseos, sentimientos, etc. de una persona – en este caso el artista – en la creación de una obra de Arte. Y es ahora cuando surgen las preguntas: ¿es digno esta aptitud? o ¿debemos de ver el resultado final, el trabajo de artista y no el medio utilizado, sin que caigamos en que «el fin justifique los medios»? Difícil cuestión, y más aún cuando este medio utilizado, es el supuesto corazón de una organización con demasiada influencia aún en nuestra sociedad…
Educar para ver una obra de arte no esta al alcance de cualquiera. Se necesita ver mucho arte, explicaciones, análisis, y como no, amor, mucho amor, pues el arte en cierta manera es amor, y solo cuando logremos comprender el mensaje que se nos quiere comunicar a través de una obra sea cual sea, y no lo tratemos de confundir con lo que nuestro ojos en un primer instante nos quieren enseñar, sabremos valorar el trabajo del artista con justicia.
Personalmente no me gusta que se insulte o trate mal a ninguna persona que no se pueda defender, mediante palabras, u obras. Me gusta respetar la figura de Jesús igual que la de cualquier otro Ser Humano. Es decir, a todas las personas que en su periodo de su vida, quisieron cambiar el mundo hacia lo que ellos consideraban mejor para la sociedad en ese momento. Jesús antes y Ferrer, o Teresa de Calcuta ahora, mediante un mensaje de paz y amor, pero Mozart mediante la música, Spinoza, Kant o Marx con ideas, Einstein con la ciencia, y así un sin fin…
Por lo tanto y para finalizar, creo que igual que uno puede permitirse ir a un concierto y allí aburrirse o no, otro, puede ir o no a una exposición, y admirarla o no. Y no perdamos mucho el tiempo en banalidades, somos libres para elegir o seleccionar lo que odiamos y lo que admiramos. Y como decía Albert Camus «en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio». No perdamos el tiempo, que es oro