Cuando salió de casa, lo hizo muy contento, y aunque tenía ganas de llegar, prefirió tomárselo con calma. No tomó un taxi como era su costumbre. Se fue andando al trabajo. Es bueno para el corazón, – pensó -.
En su cabeza bullía todo lo que iba a realizar ese día, que en resumidas cuentas era trepar un poco más en ese escalafón que habita en las mentes de los Seres Humanos y que, además de ser un engaño, forma parte del proyecto de sus semejantes. Es decir, se pone un dulce en la boca de los que tienen hambre, para que, mientras se mueren de ésta, se crean felices para siempre…
Cuando llegó, no había nadie esperándole, pero no le sorprendió, él, pronto cambiaría todo eso. Luego, entró en la sala, avanzó hasta una puerta, puso su mano en el pomo y entró en una sala contigua que no era más que un ancho pasillo. Allí había una máquina de vender café, se detuvo y se hizo con uno que no tomó. Era la primera vez que lo hacía, y llevaba trabajando allí 12 años. Pero aquel día se imaginaba que sería muy, muy importante, y eso, bien merecía un café, aunque este acabase en la primera papelera que encontrase a su paso.
Continuó por el pasillo en dirección a donde él y personas de su «valía» van con frecuencia. Una vez llegó a su destino, se quedó mirando la placa que allí colgaba y se dijo ¡he aquí mi futuro! Y hoy, … mi presente…
Se pasó la mano por el pelo, se centró la corbata, puso una de sus mejores sonrisas y aprovechando el leve efecto de espejo que tenían los huecos tipográficos de aquella inscripción, se dispuso a entrar. Tomó la manilla de la puerta, esta vez, un poco más tímidamente que puertas anteriores y asomó su cabeza. Justo en ese momento y cuando ya en su boca empezaba a sonar un adulador saludo, sonó un ruido muy fuerte, atronador, a la vez que seco. Éste procedía de una escopeta con los cañones recortados que, su jefe guardaba en un cajón, y que, sabiendo quien era su empleado, no dudo en usar con gran destreza. Esto, que no eran más que un par de cañones escupiendo fuego, reventaron la cabeza del empleado que salió volando sin cabeza a estrellarse contra la pared contraría.
El jefe, tomo una calada de su cigarrillo, y lentamente cargo otros dos cartuchos en su arma Luego, sacó del cajón cinco armas más, las cuales ya las había cargado previamente.
Mientras, por el pasillo comenzaron a llegar otros empleados en busca de una explicación a tanto ruido… Pronto, comenzaron a mirarse entre ellos, hubo silencio, y todos quisieron saber de su jefe, que había pasado, así que, cuando presos por el pánico abrieron por completo la puerta del despacho, este, con sus pies encima de la mesa, con su cigarrillo casi consumido en sus labios, y un arma en cada mano, empezó de nuevo su festín. Los cuerpos se desmembraban, volaban trozos de carne , los gritos mezclados con lánguidas voces de terror, apenas podían enmudecer el brutal ruido de aquellas armas, y así, hasta que una vez hubo gastado toda la munición. Después, se levantó de la mesa, se dirigió a un armario y se tomó una copa de un viejo coñac, mientras saltaba por la ventana de su despacho.
Su paracaídas no tardó en abrirse, sacó otro cigarrillo y como un acto milimétricamente predeterminado, fue a sentarse dentro de su cadilac descapotable. Se puso tranquilamente el cinturón de seguridad, pulsó el botón de la radio y el coche voló por los aires.
Tags: RELATOS
Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: Cuando salió de casa, lo hizo muy contento, y aunque tenía ganas de llegar, prefirió tomárselo con calma. No tomó un taxi como era su costumbre. Se fue andando al trabajo. Es bueno para el corazón, – pensó -. En su cabeza bul…..