6 horas y 3 minutos.

2010
01.06

Allí estaba, sentado con los ojos llenos de mar, el mismo mar que durante años le había proporcionado pan, y que ahora solo permitía su contemplación.

Allí estaba rodeado de muchas personas, unas amigas de toda una vida y otras simplemente conocidos, oportunistas, y la mayoría solo personas.

Allí estaba, ausente a todo, con la vista puesta en el infinito, quién sabe si perdida…Mirando como el mar le acompañaba, pues todo lo demás, no eran más que pequeñas ausencias de una nada absoluta, la totalidad de una ausencia que se va, que se va suavemente hacia el final, pues allí y solo allí, sabremos lo que somos.

Yo le miraba desde la ventana de mi casa, una casa que miraba al mar…

El reloj, su reloj, marcó las 6 de la tarde, y ya no había luz. Todos se habían marchado, ignorándolo. No importaba, él, que se había mantenido en su mundo durante toda su presencia…allí seguía.

Yo … en mi ventana.

Luego, vi como una gaviota, con infinita dulzura, se posó a pocos metros de él, avanzó, y con su pico le quitó el reloj y se fue con aquella máquina a otra parte. El tiempo se había detenido a las 6 horas y 3 minutos de aquel 2 de enero de no importa que año.

Solo hubo en aquel instante una cosa que me inundó los ojos de mar. Un instante en el que aún sigo, pues el tiempo ya no existe, no se si alguna vez existió, pero si lo hubo, lo robo una gaviota.

Tags:

Your Reply