Archive for Enero, 2010

Le mystérieux acheteur


2010
01.27

Cuando salió de casa, lo hizo muy contento, y aunque tenía ganas de llegar, prefirió tomárselo con calma. No tomó un taxi como era su costumbre. Se fue andando al trabajo. Es bueno para el corazón, – pensó -.

En su cabeza bullía todo lo que iba a realizar ese día, que en resumidas cuentas era trepar un poco más en ese escalafón que habita en las mentes de los Seres Humanos y que, además de ser un engaño, forma parte del proyecto de sus semejantes. Es decir, se pone un dulce en la boca de los que tienen hambre, para que, mientras se mueren de ésta, se crean felices para siempre…

Cuando llegó, no había nadie esperándole, pero no le sorprendió, él, pronto cambiaría todo eso. Luego, entró en la sala, avanzó hasta una puerta, puso su mano en el pomo y entró en una sala contigua que no era más que un ancho pasillo. Allí había una máquina de vender café, se detuvo y se hizo con uno que no tomó. Era la primera vez que lo hacía, y llevaba trabajando allí 12 años. Pero aquel día se imaginaba que sería muy, muy importante, y eso, bien merecía un café, aunque este acabase en la primera papelera que encontrase a su paso.

Continuó por el pasillo en dirección a donde él y personas de su «valía» van con frecuencia. Una vez llegó a su destino, se quedó mirando la placa que allí colgaba y se dijo ¡he aquí mi futuro! Y hoy, … mi presente…

Se pasó la mano por el pelo, se centró la corbata, puso una de sus mejores sonrisas y aprovechando el leve efecto de espejo que tenían los huecos tipográficos de aquella inscripción, se dispuso a entrar. Tomó la manilla de la puerta, esta vez, un poco más tímidamente que puertas anteriores y asomó su cabeza. Justo en ese momento y cuando ya en su boca empezaba a sonar un adulador saludo, sonó un ruido muy fuerte, atronador, a la vez que seco. Éste procedía de una escopeta con los cañones recortados que, su jefe guardaba en un cajón, y que, sabiendo quien era su empleado, no dudo en usar con gran destreza. Esto, que no eran más que un par de cañones escupiendo fuego, reventaron la cabeza del empleado que salió volando sin cabeza a estrellarse contra la pared contraría.

El jefe, tomo una calada de su cigarrillo, y lentamente cargo otros dos cartuchos en su arma Luego, sacó del cajón cinco armas más, las cuales ya las había cargado previamente.

Mientras, por el pasillo comenzaron a llegar otros empleados en busca de una explicación a tanto ruido… Pronto, comenzaron a mirarse entre ellos, hubo silencio, y todos quisieron saber de su jefe, que había pasado, así que, cuando presos por el pánico abrieron por completo la puerta del despacho, este, con sus pies encima de la mesa, con su cigarrillo casi consumido en sus labios, y un arma en cada mano, empezó de nuevo su festín. Los cuerpos se desmembraban, volaban trozos de carne , los gritos mezclados con lánguidas voces de terror, apenas podían enmudecer el brutal ruido de aquellas armas, y así, hasta que una vez hubo gastado toda la munición. Después, se levantó de la mesa, se dirigió a un armario y se tomó una copa de un viejo coñac, mientras saltaba por la ventana de su despacho.

Su paracaídas no tardó en abrirse, sacó otro cigarrillo y como un acto milimétricamente predeterminado, fue a sentarse dentro de su cadilac descapotable. Se puso tranquilamente el cinturón de seguridad, pulsó el botón de la radio y el coche voló por los aires.

Ser


2010
01.20

Ya habían pasado los últimos días de mi existencia. Ahora, puesto que ya había cumplido con lo que me había propuesto, solo me quedaba esperar, disfrutando de mis últimos instantes con esta forma, aquí, en el lugar en el que estaban enterrados mis antepasados. Luego, sentado en el suelo, al lado de una enrome roca cuya esencia era parte de mi existencia, me puse a reflexionar sobre el viaje, mi viaje…

Enseguida llegaron ellos. Venían de mucho más lejos que yo, lo hacían, como lo habían venido haciendo desde el principio de los tiempos…, por el aire. Luego, cuando se percataron de mi situación, comenzaron a descender uno de tras de otro, formando una enorme fila. Una vez que ya todos se habían posado, se fueron reuniendo y creando un círculo cerrado del que yo era su centro. Tras sonreírme, me llevaron con ellos.

Hoy soy feliz. No se donde estoy, pero, aunque en un posible «otro» lado de no se donde, se que soy, al final, no se si «existo».

COLABORA CON HAITÍ


2010
01.19

Solidaridad Internacional Banco Santander 0049 0001 54 2210042242
Caja Madrid 2038 1001 37 6000888882

Cáritas Banco Santander 0049-1892-64-2110527931
BBVA 0182-2000-21-0201509050
La Caixa 2100-2208-39-0200227099
Banesto 0030-1001-38-0007698271
Caja Madrid 2038-1028-15-6000969697
Banco Popular 0075-0001-81-0606839307
Sabadell Atlántico 0081-0216-74-0001306932
C.E.C.A. 2000-0002-20-9100382307
Bancaja 2077-1277-10-3100146740
CAM 2090-5513-04-0040370409

Save the children Banco Santander 0049 0001 52 2410019194
La Caixa 2100 1727 12 0200032834
BBVA 0182-5502-58-0010020207
Caja Madrid 2038 1004 71 6800009930

Médicos sin Fronteras
Banco Santander 0049 1806 95 2811869099
La Caixa 2100 3063 99 2200110010
BBVA 0182 6035 49 0000748708

Intermón Oxfam La Caixa 2100-0765-81-0200111128
Caixa Catalunya 2013-0500-16-0213198878
Caja Madrid 2038-8978-17-6000016604
CAN 2054-0300-56-9157938948
Banco Santander 0049-1806-91-2111869471
BBVA 0182-6035-49-0201502475
Sabadell Atlántico 0081-7011-11-0001698879
Triodos Bank 1491-0001-21-0010010201

UNICEF ING 1465 0100 95 6000000000
BBVA 0182 5906 81 0010033337

Carta abierta a Monseñor Munilla


2010
01.16

Monseñor Munilla:

Desde la libertad que la red me da compartiendo esta bitácora con mi amigo, así como desde el profundo respeto que tengo a todas las creencias y manifestaciones religiosas que existen en el mundo y que no son más que, otra manifestación más de ese deseo que tiene el Ser Humano de encontrar su camino, he de decirle que lo mejor que haría es dejar su cargo, pues, a raíz de las recientes declaraciones aparecidas en los medios, usted no solo no es cristiano, sino que no representa ni a la comunidad cristiana universal ni a la de sus diócesis. Es decir, ni ama a su prójimo, ni respeta la variedad de opiniones que este puede manifestar haciendo uso de la herramienta que Dios ha puesto a su alcance, y que no es otra que la razón.

Monseñor Munilla, usted no está capacitado para el cargo que recientemente ostenta. Primero por no ser capaz de diferenciar entre tener autoridad y ser autoritario. Segundo porque su conducta le aleja bastante del mensaje de paz y amor que nos ha dejado Jesucristo. Y tercero, por que no ha comprendido que primero es el que tiene hambre y necesidad, y después Dios, pues, mientras que de nuestro hermano lo sabemos todo o gran parte, de Dios, ni sabemos ni sabremos nunca nada, luego como en una ocasión dijo un ex-colega suyo, «el otro lo es todo».

A todo un cumulo de despropósitos por su parte, el pasado día 13 de enero de 2010 (creo, aunque salió publicado el día 14) usted nos ha vuelto a enfadar, nos ha vuelto a golpear con sus palabras, nos ha vuelto a mostrar esa cara oculta de la Iglesia que usted y gentes de su ideario intelectual, no hacen más que intentar imponer.

Sr. Munilla, usted nos dice en su entrevista que existen males mayores, a lo que yo me pregunto, cuando Jesús en el sermón que dio en el monte y que conocemos como Sermón de la montaña ,nos dijo «Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados.» ¿a quien cree usted que se refería? ¿usted cree que esta gente desgraciada en Haití, y así la sociedad en general, puede sentir confianza en su iglesia con individuos como usted, que anteponen una espiritualidad mas fruto de su imaginación, que de una realidad constatable?. ¿Usted, no ve ahí las frases que su maestro dijo y que están recogidas en el Nuevo Testamento? Para usted ¿Dios es amor?, creo sinceramente, que no. Usted, estoy seguro que esta en otra galaxia, pero no en esta.

Rom 13:8 «… amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley»

Como conocedor que es del Nuevo Testamento, seguro que conoce la máxima que le cité en la párrafo anterior, otra cosa, es cumplirla. Pero lo que estoy casi seguro que no conoce este texto, de un ex-colega suyo y que le enlacé en el segundo párrafo (véalo otra vez el otro lo es todo) Estos textos como muchos más no hacen más que corroborar lo que le dije al comenzar mi carta: lo mejor sería que dejara su sacerdocio, ya que no da la talla. Usted puede dedicarse a otras labores, pero pensando como lo hace, el evangelio le queda excesivamente grande. No es o suyo.

Hoy, cuando leo la prensa, vuelve a aparecer usted, y cual sería mi sorpresa que, a lo triste y lamentable del pasado día, usted, en vez de reconocer su error, algo propio de los Seres Humanos, en vez de, como supuestamente cristiano que es, pedir perdón por haber ofendido al Mundo, lo que nos hace es desayunar con otra barbaridad más, una más a la que sumar a su triste colección de despropósitos. Este, que no sé como calificar, no es otra cosa que culpar al mensajero de lo del día anterior, y dice que este «distorsiona la realidad, y es injusto» para a continuación decir: «El citado titular está extraído con “forceps”» de una pregunta “teológica” que se me hizo, referente a cómo creer en la existencia de Dios ante el sufrimiento de tantos inocentes… Yo expliqué que el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra, porque Dios les ha prometido la felicidad eterna» y ahora viene lo gordo, usted acude a la teología para explicar lo que realmente nos quería decir: «En ese contexto, utilicé la expresión “existen males mayores”, refiriéndome explícitamente a otro tipo de mal, al “pecado” de quienes vivimos en los países ricos y somos cómplices de una opulencia insolidaria hacia los pobres. Como es obvio, yo estaba hablando en un plano teológico dando respuesta a una pregunta de índole teológico» y yo le digo que, ante esa justificación, más propia de personas carentes de un mínimo de compasión y amor, nosotros estábamos en la Tierra, algo que en lo que a mi respecta dudo que estuviera usted, pues, Monseñor Munilla. o vive usted otro planeta, o si está aquí, ¿donde esta?.

Para terminar, Monseñor, créame cuando le digo que no me gusta para nada la deriva actual de la Iglesia Católica, créame que nunca esperé más de ella, ni ahora ni nunca, pues, siempre la he considerado junto a la comunidad en la que me crié, el mayor obstáculo a la obra de Dios, para el amor entre los seres humanos, y para el avance y progreso de todos los pueblos de la Tierra.

Monseñor, como creyente convencido que estoy de la existencia de en una entidad superior que identifico plenamente con la naturaleza, (motivo por el cual recibí el herem), con el Universo en general, con todas y cada una de las formas de vida que nos rodean, con el orden matemático que rige el Todo…, en una palabra, con un Dios al que no comprendo, – pues no me ha dotado para ello -, le pido y le exijo que no amancillen más ni su nombre, ni el de sus hijos que somos todos.

Atentamente

Baruch Spinoza

La ignorancia a las 9:30


2010
01.13

…había sido su amigo toda una vida.

Habíamos nacido en la misma casa, pues, en una visita que sus padres nos hicieron, su madre comenzó a romper aguas, esto se contagio a la mía, y minutos después había dos nuevas personas en casa… Cosas de la naturaleza…

Habían pasado ya más de veinte años, yo trabajaba como camarero en un céntrico restaurante de la ciudad. Él había estudiado, y ya casi había terminando sus estudios de filosofía.

Hacía unos días que, sin llegar a enfadarnos, habíamos discutido. De todas formas, siempre imperó el grado de amistad que teníamos y la sangre, nunca llegó al río…

Era un día de verano, no muy caluroso. Y mi amigo me vino a visitar, ya que sabía que ese día estaba de descanso…

Vengo a decirte adiós. – me dijo.

Sin darle mucho importancia, le pregunté si estaría mucho tiempo fuera, que cuales eran sus planes,… lo que siempre le preguntaba cuando realizaba algún viaje.

He terminado los estudios, y me voy a inmolar.
– me dijo.

Hubo silencio. Luego…

¡déjate de estupideces! – le dije bruscamente.

No es una estupidez, mañana, donde tu trabajas, me iré a despedir de ti y desde allí subiré al paraíso, y mandaré al infierno a la mayor cantidad de infieles que pueda, seré un mártir y mi familia nunca más pasará hambre y necesidades…

Abrió los brazos, inclinó su cabeza hacia atrás, y dijo: Él proveerá a todos…

¿Él? – le dije, preso de terror…

No seas infiel, por favor. – me respondió -. Él lo ve todo, lo crea todo y…y… sabe todo.

Y, seguro que él, quiere que te inmoles ¿verdad? – le dije mirándole a los ojos.

Estás muy contaminado, ese trabajo te impide ver la realidad. Tus clientes te van transmitiendo su mal y estás enfermo…

Miro su reloj. Me miró fijamente, al tiempo que se levantó bruscamente de la mesa y salió corriendo y diciendo en voz alta ¡tengo que irme!…¡te veré mañana,… adiós…hermano!

No dije nada,… no pude decir nada.

Eran las 9:27 h. de la mañana. Ya calentaba el sol, y los clientes empezaron a llegar.

Había terminado de servir a un cliente cuando, mientras recogía las monedas de su mano, vi como a lo lejos venía caminando mi amigo. Con una sonrisa en su rostro irradiando más felicidad que nunca ese día. Se había afeitado, había cortado el pelo, y había abandonado su acostumbrada dejadez en el vestir…

Llegó a la terraza del restaurante, tomo una silla de debajo de una mesa y se sentó. Quise ir hacia él, pero uno de mis compañeros llegó primero. Tomó nota de su pedido y enseguida se fue. Pero él me había visto. No obstante no hizo nada, simplemente se me quedó mirando unos segundos, sonriendo, y después, levantó su mano derecha en señal de saludo. Intenté ir junto a él por segunda vez pero, otra vez mi compañero llegó primero, le puso un refresco sobre la mesa, y tuve un triste presentimiento: nunca se lo tomaría y todo lo que me había dicho era realidad.

Intenté una tercera vez acercarme, pero esta vez cuando él vio cuales eran mis intenciones, y que esta vez no había obstáculos levantó su mano para indicarme que me alejara. En ese momento se me confirmó todo. Comencé a ponerme muy nervioso, a sentir una gran angustia, quise dar voces para que la gente saliese de allí, pero no tenía palabras en mi boca. Volví a mirarlo y vi que sacaba de uno de los bolsos de su chaqueta un libro, el cual beso antes de ponerlo sobre la mesa. Levantó la vista hacia mi, y al mismo tiempo vi que metía su mano derecha debajo de la camisa. Dio un pequeño tirón y sacó una anilla, la miró con felicidad y luego me la enseñó.

Comencé a gritar, a dar voces de pánico mientras veía la cara de felicidad de mi amigo, el cual, mantenía su mano derecha aún mostrándome aquel objeto.

Traté de protegerme la cara con la bandeja de acero que llevaba, al tiempo que , trataba de encontrar refugio detrás de una enorme maceta de hormigón que sostenía un olivo. Seguí gritando, pero ya no me oía. Asomé mi cabeza por una de las cañas del arbusto, pues quise mirar por ultima vez a mi amigo. Él, seguía manteniendo la mano derecha levantada sujetando la anilla entre sus dedos a modo de trofeo, mientras hablaba y hablaba algo que nadie entendería…

Cerré los ojos y aún así, vi una enorme llamarada, a la que siguió un enorme ruido que levantó por lo aires a los pocos clientes que aún estaban allí, junto a mesas, sillas y demás objetos. Segundos después, junto donde yo me había resguardado de la explosión, sentí un golpe seco, abrí los ojos justo delante de mi, estaba la mitad superior del cuerpo de mi amigo, con un trozo de su cabeza en la que aún se esbozaba una sonrisa. Mientras lo miraba, sentí otro ruido a pocos metros de donde estaba. Era el brazo derecho, casi entero, en el cual, de uno de los dedos de su mano, aún estaba la anilla. Me desmayé.

Ya han pasado muchos, muchos años…hoy tengo casi 90 años, y me muero. Se que mi amigo esta aquí, se que forma parte de este Universo, se que …

Nunca comprenderé su ignorancia.

Hora de fallecimiento las 9:30 A.M.

6 horas y 3 minutos.


2010
01.06

Allí estaba, sentado con los ojos llenos de mar, el mismo mar que durante años le había proporcionado pan, y que ahora solo permitía su contemplación.

Allí estaba rodeado de muchas personas, unas amigas de toda una vida y otras simplemente conocidos, oportunistas, y la mayoría solo personas.

Allí estaba, ausente a todo, con la vista puesta en el infinito, quién sabe si perdida…Mirando como el mar le acompañaba, pues todo lo demás, no eran más que pequeñas ausencias de una nada absoluta, la totalidad de una ausencia que se va, que se va suavemente hacia el final, pues allí y solo allí, sabremos lo que somos.

Yo le miraba desde la ventana de mi casa, una casa que miraba al mar…

El reloj, su reloj, marcó las 6 de la tarde, y ya no había luz. Todos se habían marchado, ignorándolo. No importaba, él, que se había mantenido en su mundo durante toda su presencia…allí seguía.

Yo … en mi ventana.

Luego, vi como una gaviota, con infinita dulzura, se posó a pocos metros de él, avanzó, y con su pico le quitó el reloj y se fue con aquella máquina a otra parte. El tiempo se había detenido a las 6 horas y 3 minutos de aquel 2 de enero de no importa que año.

Solo hubo en aquel instante una cosa que me inundó los ojos de mar. Un instante en el que aún sigo, pues el tiempo ya no existe, no se si alguna vez existió, pero si lo hubo, lo robo una gaviota.

inoportuno


2010
01.01

…acerqué suavemente el cañón de mi arma a la grieta abierta en la puerta. Al mismo tiempo, para asegurarme de no errar el disparo, aproveché otra abertura para observar si mi objetivo estaba donde podría volar su cabeza. Mientras, aquella persona a la que tanto odiaba y a la que, desde mi más íntimo deseo quería reducir a un simple cadáver, no terminaba de situarse en la mirilla de mi objetivo.

Pero la mala fortuna, hizo que irrumpiera en la escena un nuevo «actor», un diminuto ser que, dotado de delicadas alas, y que volaba emitiendo un ridículo ruido, identifiqué con el insecto que más odiaba. Enseguida me hizo perder la concentración y por consiguiente, delatarme ante mi objetivo. Este, percatado al instante, tomó la escopeta que había heredado de su abuelo y, sin pensárselo dos veces, disparó sobre la puerta los dos cartuchos que su arma portaba. Al mismo tiempo, volvió a cargar de nuevo el arma y volvió a disparar, y así, hasta que el calor de los cañones le hizo imposible sujetar esta…

Hubo silencio.

El ruido de las alas del insecto dejaron de sonar, y segundos después, un golpe seco volvió a poner la realidad en su lugar.

Luego, el asesino, fue hacia la puerta, la abrió, y justo en ese momento nos vimos las caras. Pero duró poco, pues levanté mi revolver y sin apuntar el arma, solo dirigiéndola hacia mi víctima, vacié el tambor de la misma.

Volvió el silencio

Tres segundos después, se producía un segundo ruido, seco, como el primero, el mio, … que volvía a romper la calma, pero esta vez, con forma mortal.

Me aparté unos metros, y me volví para ver por última vez al muerto, y aunque no merecía la pena seguir allí, me resultó llamativo ver su cuerpo con el pecho lleno de sangre y plomo, y en su cara, en la punta de su nariz, clavado, el aguijón del pobre insecto, que aturdido por el momento, había quedado atado a esta, por un fino hilo de su intestino que le salia del abdomen, y que, al no poder liberarse del mismo, giraba y giraba.