Archive for Noviembre, 2009

El ramo


2009
11.24

Igual que todos los años, la mujer acudía a poner flores a lo que ahora era la acera de una transitada carretera, y cada año al llegar al lugar, sus ojos se cubrían de lagrimas de amargos recuerdos. Este era el vigésimo quinto aniversario del fallecimiento de la que fue su hija, su única hija, la que su padre no llegó a conocer, y la que la había liberado de la labor de madre para inscribirla como mártir.

Después de atravesar todo el pueblo, llegó al lugar, y dándole un beso al ramo que llevaba en sus manos, suavemente lo posó en el suelo. Acto seguido bajó su cabeza y esperó su llegada.

Aquel día, lo único que tenía de diferente era que estaba lloviendo a cantaros, no obstante, esto no fue obstáculo para que la mujer preguntase al espíritu de su hija por su padre, si lo había visto, a que se dedicaba, y si ya se había reunido con ella, o seguía tan … como siempre.

En un momento sonó un estruendo del que no fue consciente, pero si notó que alguien le ponía la mano sobre el hombro, pero no se atrevió a mirar, supuso con acierto que sería ella…

Mamá, padre ya está con nosotras – dijo con la misma naturalidad con la que hablan los espíritus cuando se refieren a su mundo.

Hubo un silencio largo. Luego:

¿Fue hace mucho?

Si, el mismo día que yo.

Los hijos debéis cuidar de los padres hasta que la naturaleza quiera volver a darnos otra vuelta más… – dijo la mujer -.

Hubo otro largo silencio.

Y yo, ¿cuando me iré? – dijo la mujer con cierta curiosidad -

Volvió el silencio.

Ya estás madre, ya has llegado, dame un abrazo, y mira…, allí viene padre…

Giró su cabeza con una gran alegría donde le indicaba su hija…

Mientras, al otro lado, la gente corría aterrorizada. Unos buscaban ayuda, otros un médico y los más morbosos, intentaban extraer el cuerpo de las hélices del motor del camión que la había ayudado en su viaje.

Alguien murmuró…le sucedió lo mismo que a su hija.

La hipocresía del cargo


2009
11.23

(…o él y sus dos rosas)

Ya habían llegado casi todos al lugar en el que se celebraría la reunión con el líder de turno. Hoy como los demás días iba a ser una reunión estéril, nula, sin nada que decir. Todo se aprobará, todo por unanimidad.

Hoy igual que en otras ocasiones, se iría a perder el tiempo, aunque por la hipocresía del cargo, no lo podrán demostrar. Pues, aunque conscientes de que en su colectivo no había un adalid que les guiase por el buen camino, ellas, ineptas en su origen y destino, debían de sumisamente asistir y hacerse notar por encima de los que les rodeaban.

Por debajo de este “jefe” sus dos rosas como él las llamaba. Y después, la nada, es decir, lo que para él era sinónimo de, el vulgo. Pero sus rosas eran felices, al menos en apariencia, estas, a servicio de las necedades del “mister”, que eran ninguna, iban y venían con la misión clara y sagrada de reirle sus gracias. Luego, la rueda de prensa y allí, con su falsa seriedad, adobada con la hipocresía de su cargo, salían al ruedo y … las palabras … al viento…

En aquella reunión, se iba a tratar “temas” que, no por su gravedad, sino por su incompetencia, les sobrepasaba, y aunque el desanimo reinaba en el ambiente, las dos rosas allí estaban, junto a su patrón, en continua loa y sumisión, sin la más mínima distensión, a sus palabras.

Llegó la consulta.

Sus medios afines gastaron millones en apoyarlo, es decir, en quitarlo de encima. La tropa, … solo una misión, ¡aguantar…!

Después de la tempestad, vino la calma, y con ella, tras el cara a cara con la realidad, …todos se fueron al garete.

Hubo concilium, y éste se los trago a todos.

Las rosas aun viven. Las soporta,La hipocresía del cargo.

El cariño del hombre


2009
11.20

Doménico tenía la costumbre de levantarse cantando, no importa la hora que fuese, ni con quién compartiese su alcoba, la canción, era lo primero. Durante los 30 años que transcurrieron, desde que su primera esposa lo dejó, hasta que encontró otra que, ciega de amor se lo permitiese, siempre entonaba la misma canción. Un día, tras levantarse, se preparó y al disponerse a tomar aire para comenzar su melodía preferida, la que hasta ese momento era su vigésimo octava mujer, estiró su mano y le tapó bruscamente la boca, estrelló su cabeza contra la cabecera de su cama, e hizo que Doménico perdiera el conocimiento.

Su mujer, que había urdido durante mucho tiempo este momento, miró a través de la ventana, y ver que su amante se acercaba haciéndose un camino sobre la nieve, salió corriendo a su encuentro.

Doménico, no tardó mucho en despertase del golpe, pero una vez hecho, se puso en pie y avanzó hasta la ventana sin saber que hacer y fue en ese momento cuando se percató que, justo debajo de la farola que alumbraba el portal de su casa, estaba su mujer abrazada a un hombre, el cual, solo vestía con el pantalón de su pijama, y su mujer, solo la chaqueta del mismo. Doménico sintió frío, pero siguió mirando.

Pasaron 30 minutos, 45, y así pronto una hora, y él seguía mirando a través del cristal de su ventana. Los cuerpos de los amantes, pronto formaron una densa nube de vapor de agua que emanaba de sus cuerpos. La temperatura que también iba en aumento, ya había eliminado el agua de su alrededor y había formado un gracioso circulo seco.

De repente, Doménico, dio un sobresalto y absorto por el espectáculo, vio como los dos amantes ajenos al mundo exterior, comenzaron a arder en una enorme llama de fuego…

Pasadas casi dos horas Doménico se apartó de la ventana, salio de su habitación y se dirigió donde tenía los útiles de limpieza. Bajó por la escalera de su apartamento y fue donde el “pestañear” de la farola le estaba indicando. Luego, meticulosamente, recogió las cenizas y regresó a su hogar. Una vez allí, las mezcló con un poco de compost, cogió un esqueje de una planta que se había encontrado en la autopista cuando volvía del trabajo y buscó en un libro su nombre. Y la plantó.

Hoy mientras hace el amor en el sofá con su quincuagésima mujer, justo antes de tocar el cielo, siempre levanta la vista hacia su planta, la cual, apenas ha crecido. Pero le da igual, pues sabe que, siempre, en ese momento sublime, alguien se va a acercar y le va a susurrar a su oido ¡yo soy el cariño del hombre!.

Precaución, mucho precaución.


2009
11.15

Mi País, a lo largo de su historia siempre ha sido un territorio cautivo, prisionero de los que, con hipócrita luto eterno, visten negra su sotana, se ponen un cuadrillo blanco a la altura de la nuez, y van por la vida presumiendo de que, poseedores de la verdad única, solo ellos, y nada más que ellos son los agraciados con la más alta virtud.

Si un día al ir caminado por la calle, estar en un parque, en una consulta de un médico, en un ascensor, etc. Si nos encontramos con un ser de nuestra misma especie, de estatuara de normal a baja, con atuendo como el citado en el párrafo anterior, cara de buen ver, vientre feliz, sonrisa de falsa alegría, etc. Dicho de manera coloquial, de no haber pegado palo al agua en su vida, ¡ Cuidado!… Repito, MUCHO CUIDADO, puedes tener la suerte de ser excomulgado, y entonces no esperes al a navidad para que te vuelva a tocar la lotería, ya te habrá tocado y no esperes que la suerte te acaricie dos veces en un tan corto espacio de tiempo…

Este mes, – y aún faltan varios días para su óbito – ha sido rico en estupideces, de las que nos tiene acostumbrado ese ser humano, cobijado bajo esa institución que dice ser – pues obviamente no lo es ni lo más mínimo – Iglesia de Jesús el Cristo, o de Jesucristo, o de nuestro Señor, o del único Dios, etc. -…¡que manera de manchar su nombre! – nos quiere excomulgar a todos.

Primero leí que allí, al norte, el obispo auxiliar de Asturias , Raul Berzosa había dicho: «la doctrina católica dice que hay que enterrar el cadáver en tierra porque creemos en la resurrección de la carne y porque el cuerpo humano es el templo de Dios.» Luego el portavoz de la conferencia episcopal española quiere excomulgar a los políticos que voten a favor de la nueva ley de interrupción del embarazo que va a aprobar, o aprobó en España… Y van dos, sin contar las otras grandes tonterías que se han dicho y que en estos momentos se están diciendo por parte de los clérigos, sobre el laicismo, etc, etc. etc. – ¡OJO!…sin contar tampoco las del PP

Bueno, pues ante este indefensión que sufrimos los seres humanos por estas prácticas político-clericales, pido que se instaure en nuestro País, la sana costumbre de desayunar todas las mañanas, pues sinó, cuando leemos estas noticias en los medios podemos sufrir bajones de tensión por la falta de calorías. Y para soportar estos envites, hemos de tomar lípidos, prótidos y algún aminoácido que otro. Y recordar que es muy recomendable que al leer el periódico, además de hacerlo bien amarrado a la mesa, se retiren de la misma cualquier objeto cortante, abrasivo y biológico, pues si hay alguna que otra noticia ¡ heavy ! nos pueden producir un accidente domestico. Nada más.

Viaje al centro del miedo


2009
11.12

Habían sonado las 16:40 horas de aquella tarde de verano en el valle minero de no importa donde. La caló en palabras de Pepe, además de provocar una sonrisa en sus compañeros por su fuerte acento andaluz, explicaba justamente la temperatura que ese día había. Éste, junto a cuatro de sus compañeros se dirigían hacia la boca del pozo situada a pocos metros de la casa en la que se habían despojado de sus vestimentas habituales, para introducirse en otras más propias de este trabajo. A medida que se acercaban, la jaula que los conduciría en al lugar de trabajo, pudieron ver que ya hacía unos minutos que los esperaba. Así que, una vez saludado al relevo anterior, se introdujeron en ella y tras escuchar el repique de una campana, la gravedad contenida por un grueso cable de acero hizo el resto.

Cada vez que pasaban por alguna galería, apenas tenían tiempo para ver las luces de otros compañeros que trabajaban al fondo la misma. Luego, una sensación producida por estar bajando 100, 150, 200 … metros en una lenta caída libre, les había hecho perder la noción de profundidad en la que se encontraban. Solo algún que otro cartel poco legible, les decía donde estaban.

Cuando ya llevaban unos 10 minutos de viaje, empezaron a notar el suave frenar de aquella cabina de metal en la que estaban, y poco después, justo delante de una galería recién abierta, esta, se detuvo. No había luz y apenas habían puesto alguna estructura que sostuviera aquel triste túnel. Se bajaron y comenzaron a caminar por el largo pasillo que les conduciría al mismo lugar en el que desde hacía casi un mes, estaban trabajando.

Durante el corto viaje apenas hablaron entre si, ya que poseedores de un secreto no revelable pero compartido a partes, más o menos iguales, confirmaban la presencia de un sexto pasajero, del cual nadie quería ni pronunciar su nombre. Este, aunque incapaz de dar la cara, siempre se manifestaba en aquellos lugares en los que las mentes de los seres humanos, como enromes bases de datos, repletos de información de una vida entera, empezaban a flaquear….Ellos sabían que, aunque nunca se pronunciaría su nombre, ya había llegado, y como siempre, para quedarse.

Pepe hoy estaba decidido enfrentarse a él de manera diferente a la resignación habitual. Así que en un lugar acordado por ambos, él y su “amigo” imaginario se pusieron en camino. Distantes de sus compañeros por unos 100 metros, los dos habían llegado a la vez como no podía ser de otra manera. Pepe miró a su alrededor para asegurar su intimidad y saco del bolsillo de su pantalón de trabajo un espejo que su mujer tenía en el cuarto de baño, y se lo puso delante de su cara.

¿Que?, ¿que quieres? ¿acaso no sabes que soy tu?

Pepe, miraba fijamente su rostro reflejado en el espejo.

¡Quiero que desaparezcas! – le dijo de forma fría, y contundente.

En ese momento, el terreno se movió bruscamente y cientos de toneladas de tierra, carbón, trozos de madera de eucalipto,etc cayeron sobre uno de los cuerpos. .

Dos horas después tras desesperados trabajos por recuperar el cuerpo de su compañero, apareció un pie desnudo, los compañeros se miraron y siguieron apartando tierra Pronto fue apareciendo el resto del cuerpo. Cuando ya estaba casi desenterrado, José, el mayor de todos ellos, se adelantó poco más de un metro y trató de girar el cuerpo para que si este aún tenía un ápice de vida pudiera respirar algo del sucio aire que allí había.

¡Grasia compañero! Sonó una voz con un fuerte acento andaluz detrás de ellos, lo que hizo que los cinco girasen al unisono para ver quien había suplantado la voz de Pepe.

Zi, zoy yo – dijo aquel a sus compañeros mientras ellos atónitos volvieron instintivamente a girar sus cabezas buscando el cadáver que habían estado liberando del argayu, pero allí ya no había nada, nunca había estado, y Pepe nunca había tenido ningún percance ese día, solo había expulsado a su miedo, y éste, al no tener a quien engañar, se había muerto.

¿donde están los muertos?


2009
11.01

Había llegado a la estación de autobuses corriendo, pues, erróneamente había estado creyendo que estaba apunto de perder el autobús que me llevaría al pueblo donde había nacido, así como también en el que habían nacido también mis padres y así tres generaciones de mis antepasados, además de tíos, primos y demás familia. Yo había sido el mal hijo que había salido el primero a buscar fortuna fuera del mismo. Hoy, ya no quedaba nadie…

Recuerdo que aquel día llovía si dios tenía agua, y mientras el taxi que me había llevado a la estación avanzaba por las estrechas calles de la ciudad buscando el camino más corto, disfrutaba de la caída del agua sobre los cristales, y observaba al limpiaparabrisas, dale que te dale, moverse de un lado para el otro. Por fin llagamos, pagué lo que me dijo, y tomando el ramo de flores, salí rápido del vehículo para cobijarme de la lluvia dentro del local de la estación.

Miré el reloj, y justo en ese momento, me di cuenta que al cambiar de modelo de reloj, justo para la ocasión, no había cambiado la hora, luego, ahora tenía más de una hora para realizar mi viaje. Pensé en caminar tranquilamente, sacar mi billete e ir a la dársena. Luego me sentaré en un banco y mientras disfruto de la lluvia, espero el autocar.

Avancé por el largo pasillo que conducía a las taquillas y conforme iba avanzando tuve una sensación extraña, una sorpresa que pronto inundó mi corazón, pues, aunque difícil, la estación estaba vacía. No había nadie. El guardia de seguridad y algún que otro conductor… no había más.

Cuando tras mirar el pequeño cartel que colgaba de una de las taquillas, me dirigí hacia la ventanilla, un matrimonio mayor se me coló por la izquierda. No me dio casi tiempo a reaccionar, cuando pude fijarme en que el hombre, con gesto visiblemente nervioso, y sin pedirme disculpas, puso unos papeles sobre el pequeño mostrador y le preguntaba a la chica que allí atendía al público algo que supuse tendría que ver con algún viaje, pues, pensé ¿que se va a preguntar en estos lugares?.

Mientras duró la conversación, la sorpresa que me había producido el vacío de la estación, ahora se le sumaba una pregunta, ¿que hacía este matrimonio con un sobre con el logotipo del INSERSO (Instituto Nacional de Servicios Sociales) en la mano mostrándoselo al esta persona, si ella, obviamente no pertenece a esta “guerra”? Disimuladamente agudicé mi oído y entre las pocas cosas que entrecortadas pude oír, se podía resumir que preguntaban por la situación del autobús que les llevaría al aeropuerto para allí tomar un avión para irse de vacaciones…

Durante un momento perdí la “situación”. Me quedé como una escultura de piedra mirando sin ver a la chica que allí trabajaba, mientras esta me hacía gestos indicándome …”algo” pero que nunca pude llegar a saber…

Solo recuerdo que tras pedirle disculpas, arrojé mi ramo de flores en una papelera que estaba situada a mi derecha y sin saber como salí de la estación y divagando sobre el momento caminé por las calles de la ciudad mientras la lluvia caía sobre mi…Luego, cuando más arreciaba, me senté en un banco, no se en que parte de la ciudad y pensé, … ya no debe de haber difuntos, pues, si las personas más próximas a este estado, prefieren ir de vacaciones , será por que ya no se muere nadie más, luego, es mejor irse para casa.