Sonó un golpe seco, al mismo tiempo que un líquido viscoso parecía que se había estrellado contra la pared. Después, empezamos a sentir como el rodar de una pelota, y posteriormente también comenzaban a sonar pequeños golpes cada vez más rápidos, hasta que de repente dejaron de sonar.
Durante unos minutos las 47 personas que celebrábamos la jubilación de nuestro miserable jefe, decidimos a través de sufragio universal, quién sería el que iría a mirar lo que había sucedido. Lamentablemente me tocó a mi el honor, así que evitando por todos los medios el que se me notara una pizca de miedo, me dirigí hacia la puerta, puse mi mano sobre el pomo, lo giré, abrí la puerta y salí de la sala.
No había dado dos pasos cuando mi pie izquierdo tropezó con algo que rodaba con dificultad, casi diría que incluso resbalaba en el suelo en vez de rodar. Bajé mi vista y vi la cabeza de mi jefe que aún tenía las gafas que su mujer le había regalado el día de su boda, hace ya más de 50 años, su boca estaba abierta, y daba la sensación que le hubiesen quitado su última palabra de la boca. Además, los ojos permanecían medio abiertos… Traté de evitar al máximo mi sorpresa, para, entre otras cosas no asustar a mis invitados. Apoyé mi mano derecha sobre el pasamos de la escalera y comencé a subir suavemente, mientras entre otras cosas observaba las manchas de sangre que la cabeza de mi jefe había dejado en su trayectoria. Tras pasar el primer descansillo, comenzó a aparecer sobre la pared blanca situada al principio de la escalera, una enorme mancha roja de sangre, que aún parecía que arrollaba por el muro. Giré mi cabeza, y al otro lado del pasillo, enfrente de mancha, estaba ella, con un enorme sable de samurai envainado en una funda que adosada a su espalda le salía por encima de su hombro. Y sobre sus manos, una libreta en la que tomaba sus notas…
Le pregunté:
¿Que hace,…?
¡Ah, hola!,…eres tu, – dijo con aparente normalidad – estoy anotando la trayectoria que describió la cabeza de mi marido al separarla de su lugar habitual en los últimos 80 años.
Pe…pero … – no era capaz de hablar -
Tranquilo – me dijo, más tranquila aún que cuando le hice la primera pregunta – fue una parábola, si, describió una parábola. Igual que – como bien sabes o deberías de saber -, las que se generan cuando cortas un cono mediante un plano paralelo a su directriz.
Por mi cabeza paso el recuerdo de que ella había sido mi profesora de matemáticas en la época del instituto, y que se había tenido que retirar porqué se había vuelto loca. Luego, en cierto modo tenía razón en su descripción de lo que era una parábola, pero … era la cabeza de su marido…
Si, si señora – le dije temblado de nuevo -
Oh, no te asustes, esto no es para el examen – me dijo – Pero recuerda que ya te he dicho en muchas ocasiones que una parábola, aparte de ser una figura literaria, utilizada hace tiempo por un tal Jesús para explicar cosas a sus pupilos, blablabla, blablabla , también se define como un lugar geométrico entre dos puntos que guardan la misma distancia, o si prefieres, que equidistan de una recta, o eje, o …directriz, y un punto fijo al cual, llamamos o denominamos foco. ¿comprendes?
Si, si señora – no acertaba a decir otra cosa, mientras comenzó a temblarme una pierna -
Ahora ve y llama a unos de tus invitados, que quiero experimentar una nueva figura, esta vez va a ser la elipse, ¿que te parece?
En ese momento, no se lo que ocurrió, pero creo que de tres saltos llegué a la puerta de la casa sin ver las escaleras. Y los invitados al verme hicieron lo mismo. Nunca más volví a la casa mi maestra.
Hoy, 30 años después, en mis partidas al criquet con los amigos, cada vez que golpeo la pelota se me aparece la cabeza del marido de la Sra. Maestra.