El renacer.

2010
03.03

…tras un fuerte ruido, mi barca se rompió en dos, así que nadé por debajo del casco de proa, hacia las rocas mas próximas.

Mientras me acercaba, vi que algo me seguía. Miré y a unos veinte, un enorme tiburón, se acercaba con su característica aleta surcando el agua. Preso de pánico, comencé a nadar como un loco. Cuando ya estaba a pocos metros de alcanzar tierra, noté como me atrapaba y me hundía en el frío mar sin haberme producido ningún daño.

Una vez sumergido, vi que aquel animal había fallado su bocado por la mínima, y había enredado dos de sus dientes entre uno de mis gruesos calcetos. El «bicho» deseando morderme, y al mismo tiempo, queriendo deshacerse del calceto, daba fuertes golpes con su cabeza, mientras me movía bruscamente de un lado al otro. En un ataque de cordura, decidí hacer frente a la situación. Giré y me agarré a su morro, lo apreté contra mi vientre y metí mis manos entre sus agallas tratando de herirle. Esto, hizo que el animal, preso de dolor comenzara a girar sobre si mismo, y a sangrar, y a que segundos después me lanzara cerca de las rocas… pero libre. En ese momento, volví nadar lo más rápido que pude y logré ponerme a salvo.

Mientras, poco a poco fueron llegando más y más tiburones que comenzaron su festín devorando a su compañero.

Luego, sentado en las rocas, me quedé dormido…

La pleamar hacia tiempo que había comenzado, y pronto comenzó a acariciar mis pies, así que me incorporé y decidí volver a casa.

Cuando me estaba aproximando, vi salir una mujer que rápidamente identifiqué con mi madre, me dio un fuerte abrazo, y comenzó a llorar. Pensaba que me había perdido en el parto.

Pero, si, mi madre hace más de doce años que se había muerto – pensé.

Luego, encontré a mi padre, junto a un grupo de vecinos que me estaban buscando…

Pero, si él y casi todos aquellas personas, ya se habían muerto hace muchos años…¿que está pasando?

Todos vienen hacia mi, me besan me abrazan,… Creen que estaba …,

Me tratan como si tuviese uno o dos días de vida, … no entiendo nada…

De repente, el más joven del grupo, se acerca a mi y me dice: tranquilo, has vuelto a nacer.

Arte, religión y sexo.

2010
02.21

Recientemente se viene exhibiendo en nuestro País – y tengo que decir que «a duras penas» – , una exposición fotográfica en la que nadie ha reparado, (o si lo han echo, apenas ha trascendido), en la calidad, buena o menos buena de la obra que allí se exhibe, sino que se han cargado las tintas, sobre algo que a mi modo de entender es secundario, y que no es otra cosas que el tema utilizado.

También se viene observando, y pienso que por fortuna para las nuevas generaciones que vienen, que las religiones, en las sociedades modernas cada vez tienen menos peso dentro de los espacios públicos, y la misma sociedad las va relegando al ámbito privado, el lugar del que nunca debería de haber salido, por lo que así nos hubiéramos librado de muchos más males que bienes.

Mi opinión no es otra que la de el respeto por encima de todo, al artista y a su obra. El primero por ser una persona humana que trata de expresarse en un lenguaje propio y segundo a su obra como manifestación física de esta persona.

Nuestra sociedad aún arrastra el pesado lastre de una época oscura. Esto, cada día que pasa se ve aún de manifiesto en los medios (ejemplos hay muchos: Ley de la Memoria Histórica, jueces que juraron lealtad a Franco y que aún ejercen, el estado que mantiene una Iglesia convertida en un lobi de poder, etc.). Entonces surgen lo que llamaré sentimientos encontrados.

Sentimientos encontrados

Las religiones, nunca han sido tolerantes, siempre han sometido a sus fieles utilizando todo tipo de zafiedades, aptitudes estas que van totalmente en contra de lo que son sus bases. Esta actitud ha generado un respeto basado en el miedo inculcado a una sociedad, de la que podemos decir que más 80% de esta cree o confía en ellas de una manera mas próxima a la superstición, que a la razón.

En lo que políticamente se llama «la cultura occidental» hay una religión dominante llamada Catolicismo, (Iglesia Católica) basada en la vida y obra de un judío llamado Jesús, que vivió hace 2000 años en Jerusalén, por entonces provincia romana. El mensaje de Jesús fue rompedor, de tal manera que gran cantidad de lideres políticos y religiosos posteriores han tomada partes del su discurso para hacer de este un himno social, un ideario político-social con el que llegar a la sociedad, seducirla y lamentablemente en mucha casos, hacerla después prisionera de sus convicciones, ya alejadas por completo de lo que les había conducido al poder. Lo cierto es que hoy en día el personaje Jesús, llamado el Cristo – Mesías – ya no solo no se le tiene en cuenta casi para nada, (aunque se nos quiera decir lo contrario) sino que incluso su figura es cuestionada.

La muestra que citaba al principio de mi exposición, usa, ya no solo el tema bíblico, sino a Jesús y a su familia, como medio para, como dije también al principio trasformar los deseos, sentimientos, etc. de una persona – en este caso el artista – en la creación de una obra de Arte. Y es ahora cuando surgen las preguntas: ¿es digno esta aptitud? o ¿debemos de ver el resultado final, el trabajo de artista y no el medio utilizado, sin que caigamos en que «el fin justifique los medios»? Difícil cuestión, y más aún cuando este medio utilizado, es el supuesto corazón de una organización con demasiada influencia aún en nuestra sociedad…

Educar para ver una obra de arte no esta al alcance de cualquiera. Se necesita ver mucho arte, explicaciones, análisis, y como no, amor, mucho amor, pues el arte en cierta manera es amor, y solo cuando logremos comprender el mensaje que se nos quiere comunicar a través de una obra sea cual sea, y no lo tratemos de confundir con lo que nuestro ojos en un primer instante nos quieren enseñar, sabremos valorar el trabajo del artista con justicia.

Personalmente no me gusta que se insulte o trate mal a ninguna persona que no se pueda defender, mediante palabras, u obras. Me gusta respetar la figura de Jesús igual que la de cualquier otro Ser Humano. Es decir, a todas las personas que en su periodo de su vida, quisieron cambiar el mundo hacia lo que ellos consideraban mejor para la sociedad en ese momento. Jesús antes y Ferrer, o Teresa de Calcuta ahora, mediante un mensaje de paz y amor, pero Mozart mediante la música, Spinoza, Kant o Marx con ideas, Einstein con la ciencia, y así un sin fin…

Por lo tanto y para finalizar, creo que igual que uno puede permitirse ir a un concierto y allí aburrirse o no, otro, puede ir o no a una exposición, y admirarla o no. Y no perdamos mucho el tiempo en banalidades, somos libres para elegir o seleccionar lo que odiamos y lo que admiramos. Y como decía Albert Camus «en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio». No perdamos el tiempo, que es oro

Gael

2010
02.18

Eran las 5:00h. de la madrugada de un 17 de febrero de 2010, cuando Gael, cansado ya de tanto esperar, quiso comunicarse con el exterior. Así que, estiró el brazo y pellizcó con todas sus fuerzas la placenta que hasta ese momento además de fiel compañera, también había sido el medio de comunicación con su madre casi desde que su esencia se hizo Ser. Esta, su madre, conocedora como era de su «salida de cuentas» y, aunque la hora no era muy propicia, dio un ligero golpe con el codo a su pareja, el cual, aguardaba en un silencio feliz, el momento.

¡Quiere salir!, – le dijo.

¿ya?, … ¡vámonos! – le contesto mientras buscaba sus pantalones…

A las 6:40h. entraban en el hospital, y a las 7:00h. Gael, envió un segundo mensaje a su madre. Estaba listo.

Acudieron médicos, enfermeros,… sanitarios de todo tipo. Mientras, en una sala contigua, su pareja, junto a algún que otro familiar, daban vueltas simulando las agujas del reloj de un tiempo que no existe, ni nunca lo ha hecho. De vez en cuando, se dirigían unas palabras sin sentido, gesticulaban una sonrisa …

El reloj de la sala, continuaba su inexorable camino como si nos estuviese diciendo que, aunque soy una máquina y marco lo que no existe, os digo: son las 7:40h. Y así, Gael, asomó su cabeza, y pensó…¡voy!. Luego dio un pequeño impulso que le llevó a los brazos de la comadrona.

Durante unos segundos hubo silencio, mientras, su madre, olvidando su fatiga trataba de incorporarse con la única intención de ver…Pero no hizo falta, ya que tras observar la sonrisa de los que allí atendían a su hijo se dejó caer sobre la almohada, casi al tiempo que se lo ponían al lado. Segundos después, Gael tuvo su primera palabra. Lo llamaban «berrinche» y era en una lengua que, como diría Martin Heidegger, es la casa de la verdad del Ser.

17 de febrero del invierno de 2010.

A mi manera.

2010
02.15

…había salido de trabajar a las tres en punto. Había bajado al parking, tomado el coche y puesto la radio casi por inercia…

Apenas habían pasado unos minutos cuando ya callejeaba por la ciudad en busca de la autopista que me conduciría a mi domicilio, cuando ya me empezó a cansar los absurdos comentarios futboleros del día anterior. Así que, una vez hube tomado la ruta correcta, me acomodé en el respaldo y con mi mano derecha apreté el botón de la radio, pero esta vez, la que haría sonar el disco compacto que había en su interior.

Las primeras notas comenzaron a sonar paralelas a la velocidad que aumentaba. Y por fin, en frente de mi, no solo no había ningún obstáculo, sino que tenía, además, dos carriles por lo que circular.

El tema musical que empezaba a sonar era una particularísima versión de «A mi manera» (My way), pero esta vez interpretado por Eunice Kathleen Waymon, aunque todos la conocemos como Nina Simone.

Durante los tres, quizás cuatro minutos que duraría la canción yo solo recuerdo que a los 45 segundos de haber empezado, ya no estaba en el lugar en el que debería de estar, ni mucho menos, con los sentidos que el acto de conducir requiere, así que, mientras gozaba en mi nube más allá de aquella realidad, vi la muerte a lo lejos, esperándome en medio de la carretera. Supe que era ella pues, ayudado de mi intuición, empecé a relacionar su realidad con la imagen estúpida que nos describen los que nunca la vieron. Además, fui consciente de como me acercaba a ella, y vi como pude haberla evitado, y vi como, mi percepción de la realidad en aquel momento no existía, y consciente de todo, me la llevé por delante hasta caerme por un gran barranco, decenas de metros, rebotando contra las piedras a medida que el coche se iba descomponiendo. En el interior, yo. Sujeto por el cinturón, ajeno a lo que sucedía. Hasta que una enorme roca me detuvo bruscamente, lo que hizo que saliese despedido por la ventana junto al CD que horas, quizá, días antes había metido en el aparato de radio.

Policía, bomberos, sanitarios, personas anónimas me buscaron durante largo tiempo, hasta que uno de estos anónimos personajes escuchó una música de piano, se acercó suavemente y asomó su cabeza por detrás de unas piedras. A los pocos metros, pudo ver como sentado en el asiento del conductor con el cuerpo ensangrentado, estaba yo, escuchando a Nina Simone, que había bajado desde el cielo a tocar en directo su versión, la mejor de todas, a su manera, My Way. Minutos después, giró su cabeza y a unos veinte metros de donde estábamos, en un charco de desgracias yacía el cadáver de la muerte. No pudo soportar que fuese mejor que ella.

tiempo

2010
02.01

¡Uno…dos y …ummmp!

Los dos hermanos, uno por los pies y otro por los hombros, habían cogido el cadáver y lo había metido dentro del ataúd. Luego, el que lo había cogido por los pies, cruzó sus brazos, y bajando levemente la cabeza, reflexionó mientras contemplaba su rostro, blanco, impoluto, … ausente de eso que llaman vida. Y pensó:

¿Que es esto que se me escapaba de las manos? ¿que es esto tan lógico y tan normal, tan predecible y tan cotidiano que me cuesta tanto asumir?…

Esto es la muerte – se dijo.

Luego, pensó en los sentimientos que ahora estaba teniendo, en el Ser, en la nada… Luego cuando ya estaba a punto de perder el norte, recurrió a su pensamiento racional-lógico-matemático, y aunque tembló por su frialdad, sabía que era la realidad, aquella única verdad a la que como Ser podía aspirar.

Habían pasado casi dos horas, y el tiempo le había volado. Tanto es así que, por la habitación habían pasado muchas personas, le habían saludado, pero él, ajeno a todo ni se había enterado de algo que no fuese el tratar de llegar un poco más allá de su idea sobre la vida y la muerte. Pues, en su cabeza bullía la idea de que, ahora o nunca, pues, la persona que más quería estaba allí, y esta, era él.

Luego, al otro, se lo llevaron.

Lo enterraron.

Eran las 5:05 de la madrugada de tercer día posterior a la que había sido su peor experiencia. Se despertó. En aquella habitación solo se oía el suave respirar de su pareja, y el cuerpo dormido a sus pies de su gato. Y por un momento volvieron a su mente las preguntas de siempre. Luego, se volvió a quedar dormido.

Estaba de vacaciones, así que cuando despertó sobre las 9:00 h. ya estaba solo, y comprobó que los sentimientos así como los sucesos, no alteran para nada el paso de algo que, si existe, llamamos tiempo.

Le mystérieux acheteur

2010
01.27

Cuando salió de casa, lo hizo muy contento, y aunque tenía ganas de llegar, prefirió tomárselo con calma. No tomó un taxi como era su costumbre. Se fue andando al trabajo. Es bueno para el corazón, – pensó -.

En su cabeza bullía todo lo que iba a realizar ese día, que en resumidas cuentas era trepar un poco más en ese escalafón que habita en las mentes de los Seres Humanos y que, además de ser un engaño, forma parte del proyecto de sus semejantes. Es decir, se pone un dulce en la boca de los que tienen hambre, para que, mientras se mueren de ésta, se crean felices para siempre…

Cuando llegó, no había nadie esperándole, pero no le sorprendió, él, pronto cambiaría todo eso. Luego, entró en la sala, avanzó hasta una puerta, puso su mano en el pomo y entró en una sala contigua que no era más que un ancho pasillo. Allí había una máquina de vender café, se detuvo y se hizo con uno que no tomó. Era la primera vez que lo hacía, y llevaba trabajando allí 12 años. Pero aquel día se imaginaba que sería muy, muy importante, y eso, bien merecía un café, aunque este acabase en la primera papelera que encontrase a su paso.

Continuó por el pasillo en dirección a donde él y personas de su «valía» van con frecuencia. Una vez llegó a su destino, se quedó mirando la placa que allí colgaba y se dijo ¡he aquí mi futuro! Y hoy, … mi presente…

Se pasó la mano por el pelo, se centró la corbata, puso una de sus mejores sonrisas y aprovechando el leve efecto de espejo que tenían los huecos tipográficos de aquella inscripción, se dispuso a entrar. Tomó la manilla de la puerta, esta vez, un poco más tímidamente que puertas anteriores y asomó su cabeza. Justo en ese momento y cuando ya en su boca empezaba a sonar un adulador saludo, sonó un ruido muy fuerte, atronador, a la vez que seco. Éste procedía de una escopeta con los cañones recortados que, su jefe guardaba en un cajón, y que, sabiendo quien era su empleado, no dudo en usar con gran destreza. Esto, que no eran más que un par de cañones escupiendo fuego, reventaron la cabeza del empleado que salió volando sin cabeza a estrellarse contra la pared contraría.

El jefe, tomo una calada de su cigarrillo, y lentamente cargo otros dos cartuchos en su arma Luego, sacó del cajón cinco armas más, las cuales ya las había cargado previamente.

Mientras, por el pasillo comenzaron a llegar otros empleados en busca de una explicación a tanto ruido… Pronto, comenzaron a mirarse entre ellos, hubo silencio, y todos quisieron saber de su jefe, que había pasado, así que, cuando presos por el pánico abrieron por completo la puerta del despacho, este, con sus pies encima de la mesa, con su cigarrillo casi consumido en sus labios, y un arma en cada mano, empezó de nuevo su festín. Los cuerpos se desmembraban, volaban trozos de carne , los gritos mezclados con lánguidas voces de terror, apenas podían enmudecer el brutal ruido de aquellas armas, y así, hasta que una vez hubo gastado toda la munición. Después, se levantó de la mesa, se dirigió a un armario y se tomó una copa de un viejo coñac, mientras saltaba por la ventana de su despacho.

Su paracaídas no tardó en abrirse, sacó otro cigarrillo y como un acto milimétricamente predeterminado, fue a sentarse dentro de su cadilac descapotable. Se puso tranquilamente el cinturón de seguridad, pulsó el botón de la radio y el coche voló por los aires.

Ser

2010
01.20

Ya habían pasado los últimos días de mi existencia. Ahora, puesto que ya había cumplido con lo que me había propuesto, solo me quedaba esperar, disfrutando de mis últimos instantes con esta forma, aquí, en el lugar en el que estaban enterrados mis antepasados. Luego, sentado en el suelo, al lado de una enrome roca cuya esencia era parte de mi existencia, me puse a reflexionar sobre el viaje, mi viaje…

Enseguida llegaron ellos. Venían de mucho más lejos que yo, lo hacían, como lo habían venido haciendo desde el principio de los tiempos…, por el aire. Luego, cuando se percataron de mi situación, comenzaron a descender uno de tras de otro, formando una enorme fila. Una vez que ya todos se habían posado, se fueron reuniendo y creando un círculo cerrado del que yo era su centro. Tras sonreírme, me llevaron con ellos.

Hoy soy feliz. No se donde estoy, pero, aunque en un posible «otro» lado de no se donde, se que soy, al final, no se si «existo».

COLABORA CON HAITÍ

2010
01.19

Solidaridad Internacional Banco Santander 0049 0001 54 2210042242
Caja Madrid 2038 1001 37 6000888882

Cáritas Banco Santander 0049-1892-64-2110527931
BBVA 0182-2000-21-0201509050
La Caixa 2100-2208-39-0200227099
Banesto 0030-1001-38-0007698271
Caja Madrid 2038-1028-15-6000969697
Banco Popular 0075-0001-81-0606839307
Sabadell Atlántico 0081-0216-74-0001306932
C.E.C.A. 2000-0002-20-9100382307
Bancaja 2077-1277-10-3100146740
CAM 2090-5513-04-0040370409

Save the children Banco Santander 0049 0001 52 2410019194
La Caixa 2100 1727 12 0200032834
BBVA 0182-5502-58-0010020207
Caja Madrid 2038 1004 71 6800009930

Médicos sin Fronteras
Banco Santander 0049 1806 95 2811869099
La Caixa 2100 3063 99 2200110010
BBVA 0182 6035 49 0000748708

Intermón Oxfam La Caixa 2100-0765-81-0200111128
Caixa Catalunya 2013-0500-16-0213198878
Caja Madrid 2038-8978-17-6000016604
CAN 2054-0300-56-9157938948
Banco Santander 0049-1806-91-2111869471
BBVA 0182-6035-49-0201502475
Sabadell Atlántico 0081-7011-11-0001698879
Triodos Bank 1491-0001-21-0010010201

UNICEF ING 1465 0100 95 6000000000
BBVA 0182 5906 81 0010033337

Carta abierta a Monseñor Munilla

2010
01.16

Monseñor Munilla:

Desde la libertad que la red me da compartiendo esta bitácora con mi amigo, así como desde el profundo respeto que tengo a todas las creencias y manifestaciones religiosas que existen en el mundo y que no son más que, otra manifestación más de ese deseo que tiene el Ser Humano de encontrar su camino, he de decirle que lo mejor que haría es dejar su cargo, pues, a raíz de las recientes declaraciones aparecidas en los medios, usted no solo no es cristiano, sino que no representa ni a la comunidad cristiana universal ni a la de sus diócesis. Es decir, ni ama a su prójimo, ni respeta la variedad de opiniones que este puede manifestar haciendo uso de la herramienta que Dios ha puesto a su alcance, y que no es otra que la razón.

Monseñor Munilla, usted no está capacitado para el cargo que recientemente ostenta. Primero por no ser capaz de diferenciar entre tener autoridad y ser autoritario. Segundo porque su conducta le aleja bastante del mensaje de paz y amor que nos ha dejado Jesucristo. Y tercero, por que no ha comprendido que primero es el que tiene hambre y necesidad, y después Dios, pues, mientras que de nuestro hermano lo sabemos todo o gran parte, de Dios, ni sabemos ni sabremos nunca nada, luego como en una ocasión dijo un ex-colega suyo, «el otro lo es todo».

A todo un cumulo de despropósitos por su parte, el pasado día 13 de enero de 2010 (creo, aunque salió publicado el día 14) usted nos ha vuelto a enfadar, nos ha vuelto a golpear con sus palabras, nos ha vuelto a mostrar esa cara oculta de la Iglesia que usted y gentes de su ideario intelectual, no hacen más que intentar imponer.

Sr. Munilla, usted nos dice en su entrevista que existen males mayores, a lo que yo me pregunto, cuando Jesús en el sermón que dio en el monte y que conocemos como Sermón de la montaña ,nos dijo «Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados.» ¿a quien cree usted que se refería? ¿usted cree que esta gente desgraciada en Haití, y así la sociedad en general, puede sentir confianza en su iglesia con individuos como usted, que anteponen una espiritualidad mas fruto de su imaginación, que de una realidad constatable?. ¿Usted, no ve ahí las frases que su maestro dijo y que están recogidas en el Nuevo Testamento? Para usted ¿Dios es amor?, creo sinceramente, que no. Usted, estoy seguro que esta en otra galaxia, pero no en esta.

Rom 13:8 «… amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley»

Como conocedor que es del Nuevo Testamento, seguro que conoce la máxima que le cité en la párrafo anterior, otra cosa, es cumplirla. Pero lo que estoy casi seguro que no conoce este texto, de un ex-colega suyo y que le enlacé en el segundo párrafo (véalo otra vez el otro lo es todo) Estos textos como muchos más no hacen más que corroborar lo que le dije al comenzar mi carta: lo mejor sería que dejara su sacerdocio, ya que no da la talla. Usted puede dedicarse a otras labores, pero pensando como lo hace, el evangelio le queda excesivamente grande. No es o suyo.

Hoy, cuando leo la prensa, vuelve a aparecer usted, y cual sería mi sorpresa que, a lo triste y lamentable del pasado día, usted, en vez de reconocer su error, algo propio de los Seres Humanos, en vez de, como supuestamente cristiano que es, pedir perdón por haber ofendido al Mundo, lo que nos hace es desayunar con otra barbaridad más, una más a la que sumar a su triste colección de despropósitos. Este, que no sé como calificar, no es otra cosa que culpar al mensajero de lo del día anterior, y dice que este «distorsiona la realidad, y es injusto» para a continuación decir: «El citado titular está extraído con “forceps”» de una pregunta “teológica” que se me hizo, referente a cómo creer en la existencia de Dios ante el sufrimiento de tantos inocentes… Yo expliqué que el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra, porque Dios les ha prometido la felicidad eterna» y ahora viene lo gordo, usted acude a la teología para explicar lo que realmente nos quería decir: «En ese contexto, utilicé la expresión “existen males mayores”, refiriéndome explícitamente a otro tipo de mal, al “pecado” de quienes vivimos en los países ricos y somos cómplices de una opulencia insolidaria hacia los pobres. Como es obvio, yo estaba hablando en un plano teológico dando respuesta a una pregunta de índole teológico» y yo le digo que, ante esa justificación, más propia de personas carentes de un mínimo de compasión y amor, nosotros estábamos en la Tierra, algo que en lo que a mi respecta dudo que estuviera usted, pues, Monseñor Munilla. o vive usted otro planeta, o si está aquí, ¿donde esta?.

Para terminar, Monseñor, créame cuando le digo que no me gusta para nada la deriva actual de la Iglesia Católica, créame que nunca esperé más de ella, ni ahora ni nunca, pues, siempre la he considerado junto a la comunidad en la que me crié, el mayor obstáculo a la obra de Dios, para el amor entre los seres humanos, y para el avance y progreso de todos los pueblos de la Tierra.

Monseñor, como creyente convencido que estoy de la existencia de en una entidad superior que identifico plenamente con la naturaleza, (motivo por el cual recibí el herem), con el Universo en general, con todas y cada una de las formas de vida que nos rodean, con el orden matemático que rige el Todo…, en una palabra, con un Dios al que no comprendo, – pues no me ha dotado para ello -, le pido y le exijo que no amancillen más ni su nombre, ni el de sus hijos que somos todos.

Atentamente

Baruch Spinoza

La ignorancia a las 9:30

2010
01.13

…había sido su amigo toda una vida.

Habíamos nacido en la misma casa, pues, en una visita que sus padres nos hicieron, su madre comenzó a romper aguas, esto se contagio a la mía, y minutos después había dos nuevas personas en casa… Cosas de la naturaleza…

Habían pasado ya más de veinte años, yo trabajaba como camarero en un céntrico restaurante de la ciudad. Él había estudiado, y ya casi había terminando sus estudios de filosofía.

Hacía unos días que, sin llegar a enfadarnos, habíamos discutido. De todas formas, siempre imperó el grado de amistad que teníamos y la sangre, nunca llegó al río…

Era un día de verano, no muy caluroso. Y mi amigo me vino a visitar, ya que sabía que ese día estaba de descanso…

Vengo a decirte adiós. – me dijo.

Sin darle mucho importancia, le pregunté si estaría mucho tiempo fuera, que cuales eran sus planes,… lo que siempre le preguntaba cuando realizaba algún viaje.

He terminado los estudios, y me voy a inmolar.
– me dijo.

Hubo silencio. Luego…

¡déjate de estupideces! – le dije bruscamente.

No es una estupidez, mañana, donde tu trabajas, me iré a despedir de ti y desde allí subiré al paraíso, y mandaré al infierno a la mayor cantidad de infieles que pueda, seré un mártir y mi familia nunca más pasará hambre y necesidades…

Abrió los brazos, inclinó su cabeza hacia atrás, y dijo: Él proveerá a todos…

¿Él? – le dije, preso de terror…

No seas infiel, por favor. – me respondió -. Él lo ve todo, lo crea todo y…y… sabe todo.

Y, seguro que él, quiere que te inmoles ¿verdad? – le dije mirándole a los ojos.

Estás muy contaminado, ese trabajo te impide ver la realidad. Tus clientes te van transmitiendo su mal y estás enfermo…

Miro su reloj. Me miró fijamente, al tiempo que se levantó bruscamente de la mesa y salió corriendo y diciendo en voz alta ¡tengo que irme!…¡te veré mañana,… adiós…hermano!

No dije nada,… no pude decir nada.

Eran las 9:27 h. de la mañana. Ya calentaba el sol, y los clientes empezaron a llegar.

Había terminado de servir a un cliente cuando, mientras recogía las monedas de su mano, vi como a lo lejos venía caminando mi amigo. Con una sonrisa en su rostro irradiando más felicidad que nunca ese día. Se había afeitado, había cortado el pelo, y había abandonado su acostumbrada dejadez en el vestir…

Llegó a la terraza del restaurante, tomo una silla de debajo de una mesa y se sentó. Quise ir hacia él, pero uno de mis compañeros llegó primero. Tomó nota de su pedido y enseguida se fue. Pero él me había visto. No obstante no hizo nada, simplemente se me quedó mirando unos segundos, sonriendo, y después, levantó su mano derecha en señal de saludo. Intenté ir junto a él por segunda vez pero, otra vez mi compañero llegó primero, le puso un refresco sobre la mesa, y tuve un triste presentimiento: nunca se lo tomaría y todo lo que me había dicho era realidad.

Intenté una tercera vez acercarme, pero esta vez cuando él vio cuales eran mis intenciones, y que esta vez no había obstáculos levantó su mano para indicarme que me alejara. En ese momento se me confirmó todo. Comencé a ponerme muy nervioso, a sentir una gran angustia, quise dar voces para que la gente saliese de allí, pero no tenía palabras en mi boca. Volví a mirarlo y vi que sacaba de uno de los bolsos de su chaqueta un libro, el cual beso antes de ponerlo sobre la mesa. Levantó la vista hacia mi, y al mismo tiempo vi que metía su mano derecha debajo de la camisa. Dio un pequeño tirón y sacó una anilla, la miró con felicidad y luego me la enseñó.

Comencé a gritar, a dar voces de pánico mientras veía la cara de felicidad de mi amigo, el cual, mantenía su mano derecha aún mostrándome aquel objeto.

Traté de protegerme la cara con la bandeja de acero que llevaba, al tiempo que , trataba de encontrar refugio detrás de una enorme maceta de hormigón que sostenía un olivo. Seguí gritando, pero ya no me oía. Asomé mi cabeza por una de las cañas del arbusto, pues quise mirar por ultima vez a mi amigo. Él, seguía manteniendo la mano derecha levantada sujetando la anilla entre sus dedos a modo de trofeo, mientras hablaba y hablaba algo que nadie entendería…

Cerré los ojos y aún así, vi una enorme llamarada, a la que siguió un enorme ruido que levantó por lo aires a los pocos clientes que aún estaban allí, junto a mesas, sillas y demás objetos. Segundos después, junto donde yo me había resguardado de la explosión, sentí un golpe seco, abrí los ojos justo delante de mi, estaba la mitad superior del cuerpo de mi amigo, con un trozo de su cabeza en la que aún se esbozaba una sonrisa. Mientras lo miraba, sentí otro ruido a pocos metros de donde estaba. Era el brazo derecho, casi entero, en el cual, de uno de los dedos de su mano, aún estaba la anilla. Me desmayé.

Ya han pasado muchos, muchos años…hoy tengo casi 90 años, y me muero. Se que mi amigo esta aquí, se que forma parte de este Universo, se que …

Nunca comprenderé su ignorancia.

Hora de fallecimiento las 9:30 A.M.